Una mirada sociológica sobre el género. Prof. Sheila Tarde

“Hacer conscientes ciertos mecanismos que hacen dolorosa e incluso intolerable la vida no significa neutralizarlos; sacar a luz contradicciones no significa resolverlas (…) Comprobación que, pese a las apariencias, no tiene nada de desesperante: lo que el mundo social ha hecho, el mundo social, armado de ese saber, puede deshacerlo. Lo seguro, en todo caso, es que nada es menos inocente que el laissez-faire…” P. Bourdieu (1999) “Miseria del mundo”, pág.559.

En nuestra sociedad es frecuente observar como los mismos hechos son medidos con diferente vara, dependiendo de si es un hombre o una mujer quien lo realiza. Así vemos que una conducta sexual activa con varios compañeros en una mujer, es considerada como promiscua y sancionada con comentarios descalificantes, mientras esa misma conducta en un hombre es justificada e incluso elogiada con comentarios como: “es hombre no podía negarse, sino pasa por maricón” ó “son las mujeres las que buscan”, “los hombres no son santos”, etc.

Ante esta realidad surgen múltiples interrogantes: ¿A qué se debe esta diferencia de criterios?, ¿siempre fue así?, ¿esto se da  en todas las sociedades? Aquí es cuando acude en nuestro auxilio la Sociología, como ciencia que estudia nuestros comportamientos sociales y brinda explicación científica a nuestras interrogantes. P. Bourdieu nos dice: “…la Sociología es una ciencia que incomoda”, porque nos devela los hilos ocultos, nos pone de frente a nuestros prejuicios y cuestiona nuestros supuestos más firmes. Nuestro comportamiento social se fundamenta en una serie de ideas preconcebidas que hemos ido haciendo nuestras a través del proceso de socialización, es así que la sociedad nos moldea, nos construye desde pequeños. A las niñas las vestiremos de rosa y a los varones de azul, a ellas les enseñaremos que deben estar lindas y a ellos que deben ser fuertes, las niñas jugaran a limpiar y cocinar para ser amas de casa y los varones jugarán con elementos deportivos para ser activos y así iremos conformando una imagen de lo que significa ser niña y ser varón, esto es denominado “socialización de género”. Este proceso nos hace creer que existen tareas que corresponden “naturalmente” al sexo que tenemos, cuando en realidad no es así, ya que es la sociedad quien determina que actividades debemos desempeñar. Es la sociedad quien crea estereotipos que nos someten, porque tienen fuerza coercitiva. Es en función de esas construcciones sociales que se determinarán las oportunidades y limitaciones que tendrán, tanto hombres como mujeres, para acceder a su desarrollo pleno.

Es necesario diferenciar entre “sexo” (conjunto de características biológicas que distinguen al hombre de la mujer) y género (construcción social que adjudica determinados características sociales a hombres y mujeres), el género varía en función del tiempo y del lugar, es pasible de ser modificado.

Es interesante retrotraernos en el tiempo y apreciar los cambios que lentamente se han producido en nuestra sociedad con respecto al género, aunque también observamos como existen cuestiones incambiadas. Compartimos este fragmento de un periódico uruguayo en los inicios del siglo XX:

El joven La niña
   
-Permanecer en la inocencia y la rectitud y evitar el contacto con sujetos que puedan contaminar su alma. -La mujer debe permanecer recluida salvo las horas de paseo y cuando salga para el teatro, las tiendas o las visitas, acompañada siempre de las personas de su familia, padres o hermanos
-Al estar de pie mantener el cuerpo recto, sin descansarlo de un lado y no tomar alguna posición vulgar que no sea digna. -Noviar entre 5 a 9 años, mientras el candidato logra una buena posición.
-En los bailes la gente decente sabe guardar entre sí una respetable distancia y en todo momento apenas se tocan con la punta de los dedos. -Solo los novios formales podrán visitar a sus enamoradas en la sala, pero nunca a solas, la madre de la joven los contemplará tejiendo o cosiendo frente a ellos.
-Reprimir los instintos que pierden al hombre, le hacen olvidar a su familia, su religión y consume y debilita el cuerpo. -En estas ocasiones nuca podrán tocarse las manos de los enamorados.
-No dejar el sudor o enjugárselo en público. –Para retirarse al toilette una señorita educada debe decir: “Permiso para ir a la fuente”
-Usar un lenguaje honesto. -La mujer debe ser ignorante frente a lo que el hombre necesita saber.

 

Tal vez, algunas de esta reglas puedan provocar la hilaridad en nuestros jóvenes, pero evidencian una construcción de género en la que la mujer debía tener un papel pasivo, mantenerse en la ignorancia para no ofender al hombre, y construir su vida en función del momento culminante, el casamiento, a través del cual adquiriría una posición social, una identidad que la signaría para toda su vida. Para llegar a ese objetivo debía cultivar ciertas virtudes: ser bella, mantenerse casta, ser buena ama de casa, no exhibirse públicamente, ser obediente, y demás aptitudes que garantizaran al hombre una vida sin resistencia a sus deseos. No debemos olvidar que en el Uruguay de inicios del siglo XX la mujer no podía disponer de sus bienes, ni ejercer patria potestad sobre sus hijos, ni votar, jurídicamente era objeto de tutela primero de su padre y luego de su marido.

Es interesante apreciar esta historia reciente para comprobar que se han producido cambios comparando con la construcción de género actual. Estos  cambios no son totales, perviven, sobretodo en algunos pueblos rurales, en donde las relaciones humanas están más atadas al pasado.

Este proceso de modificación en el género nos alienta a creer que nuestro colectivo social puede continuar cambiando para construir una sociedad más justa e igualitaria, que combata la discriminación. En una sociedad en la que tantas mujeres son víctimas de violencia doméstica esta es una tarea ineludible. Esperamos que este espacio de reflexión sea nuestro granito de arena.

Publicado originalmente en Semanario Acción Informativa – Tacuarembó, Uruguay

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