La construcción de la opresión. Prof. Sheila Tarde

“¿Quién no reproduce dentro de sí,
al mundo que lo genera?” E. Galeano (1978)

“La nueva forma de opresión es la que siempre fue: la falta de pensamiento crítico.”

La construcción de la opresión

Releyendo los artículos escritos por Miguel Olivera Prieto sobre la situación de ADEOMT, y el de BRECHA titulado “La profunda oscuridad del norte”, todo ser que se precie de humano no puede dejar de preguntarse: ¿Cómo puede ocurrir esto en pleno siglo XXI?, ¿Cómo pueden haber conciudadanos que vivan en esas condiciones de sometimiento? Y también ¿cómo otros compañeros pueden relegarles a esa situación de negación de dignidad? Sabemos que el sistema capitalista en que vivimos olvida su condición de humanidad frente al afán de lucro, pero estas situaciones ya lindan con la condiciones de la esclavitud. El tema de la opresión trasciende lo económico, pasa a ser un tema cultural.

Estas preguntas nos conducen a leer y a buscar en los libros las respuestas que sólo grandes autores como Foucault, Freire o Gramsci nos pueden dar. Etimológicamente opresión significa op-primere (ob, confrontación; premere, ahogar, destruir) significaría destruir algo considerado como hostil. Que acertada es esta acepción para comprender al caso que nos referimos, lo que es ahogado aquí es la persona, la dignidad como ser humano de nuestros conciudadanos. La opresión implica destruir, asfixiar la autonomía, la individualidad, la libertad de las personas.
En el mundo en que vivimos, bajo el sistema capitalista, existen múltiples formas de relaciones opresivas tanto es así que las relaciones que nos constituyen son relaciones violentas, el sujeto, visualizado sólo como consumidor es asediado por propagandas incitando a la compra. El valor social de las personas se mide en función de los objetos que puede comprar, si es pobre se le estigmatiza y excluye, si es rico se le ensalza y admira, eso es violencia. Al niño desde pequeño se le enseña que su valor está en llegar a ser un consumidor exitoso, para ello tendrá que conseguir dinero y trabajar incansablemente para comprar todo lo que el sistema disponga que deba tener para ser feliz. Este mundo es el que determina nuestras percepciones, lo que consideramos bueno y malo, y es también el que nos enseña a ser individualistas a preocuparnos poco por los problemas de los demás, a naturalizar la injusticia y la opresión. Lo que ocurre a nivel macro sucede también a nivel micro…
Surgen las preguntas ¿Qué genera estos comportamientos opresores?, ¿Porque las personas se comportan así?, ¿Cómo se construyen las personas?
Las personas son productos sociales, al nacer son los adultos quienes nos conforman, nos moldean, así incorporamos valores, conductas, creencias que dan sentido al mundo en que vivimos. La socialización nos permite naturalizar este proceso de constitución. No seríamos humanos si no tuviéramos la influencia de los otros, del grupo, tanto en así que Jacques Lacan (psicoanalista y psiquiatra francés) afirma: nacemos en el otro, es el otro que nos brinda nuestra identidad. La síntesis inicial del yo es otro yo, a este concepto lo llama “extimidad”, es en función del otro, del lenguaje del otro que yo me constituyo.
“El ser humano en proceso de desarrollo se interrelaciona no sólo con un ambiente natural determinado, sino también con un orden cultural y social específico mediatizado para él por los otros significantes a cuyo cargo se halla” (Berger y Luckmann, 1979)
Entonces para comprender a las personas y sus relaciones de poder, debemos tratar de comprender la sociedad en que estas personas se han formado, porque es ella quien los constituye como sujetos. Los autores en esta postura sostienen que la realidad es una construcción social que constituye a los sujetos “La subjetividad es una construcción histórico-cultural: Todo proceso es vivido primero como externo, en la relación con los otros y luego se internaliza (Vigotsky) desde la construcción propia, de sentido, de cada individuo social, que se basa en mecanismos de identificación a partir de las vivencias significativas en la relación objetal e interpersonal, en procesos de introyección-represión-proyección -en el sentido psicoanalítico- y de la imaginación creadora (Castoriadis) e interpretación reflexiva de cada cual.”
Entonces si somos construidos imitando, incorporando los modelos que vemos en nuestros adultos, ¿por qué en nuestra sociedad tacuaremboense somos así?, ¿por qué nuestra sociedad se estructura con esas relaciones de poder, de opresión?
La opresión no se realiza solamente a punta de fusil, sino que ha adquirido formas más veladas, más sutiles, por tanto más peligrosas porque no son visibles fácilmente. Si esas formas están ocultas es menos probable que las identifiquemos y por tanto que logremos tomar conciencia para rebelarnos ante ella.
Solemos creer que el poder es sólo el que se aplica desde la organización jurídica hacia los sujetos, pero ese poder es posible porque existen infinidad de otras relaciones de poder en todos nuestros ámbitos. Existen relaciones de poder del hombre sobre la mujer, del maestro sobre el niño, del comerciante sobre el comprador, del padre hacia el hijo, del rico sobre el pobre, son incontables y constantes las relaciones de poder que tenemos en nuestra vida cotidiana, no las visibilizamos pero allí están configurando el mundo en que vivimos, ejerciendo su fuerza y muchas violentando nuestros derechos.
Foucault nos aclara “El hombre no es el representante del Estado para la mujer. Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación bien especificas que tienen su configuración propia y su relativa autonomía”…El poder se construye y funciona a partir de otros poderes, de los efectos de éstos, independientes del proceso económico. Las relaciones de poder se encuentran estrechamente ligadas a las familiares, sexuales, productivas; íntimamente enlazadas y desempeñando un papel de condicionante y condicionado. En el análisis del fenómeno del poder no se debe partir del centro y descender, sino más bien realizar un análisis ascendente, a partir de los “mecanismos infinitesimales”, que poseen su propia historia, técnica y táctica, y observar cómo estos procedimientos han sido colonizados, utilizados, transformados, doblegados por formas de dominación global y mecanismos más generales.
El poder permea toda la existencia de la sociedad. Foucault lo ha subrayado con lucidez: el poder no se agota en su vertiente política…Por otro lado, el poder no es visible…Sólo se le ve en sus efectos. No es algo trascendente, sino inmanente; y no posee carácter negativo, sino positivo y productor. El poder…está en todas partes y actúa mediante redes: «Hay que ser nominalista: el poder no es una institución, no es una estructura, no es una cierta potencia de la que estarían dotados algunos: es el nombre que se le presta a una situación estratégica compleja en una sociedad determinada».
Cuarenta años antes a Foucault, Gramsci nos habla de los segmentos hegemónicos de la sociedad, aquellos que detentan el poder y construyen, de acuerdo a sus intereses, las prácticas sociales y los modelos referenciales: “la hegemonía de un grupo social equivale a la cultura que ese grupo logró generalizar para otros segmentos sociales. La hegemonía es idéntica a la cultura pero es algo más que la cultura porque además incluye necesariamente una distribución específica de poder, jerarquía y de influencia. Como dirección política y cultural sobre los segmentos sociales “aliados” influidos por ella, la hegemonía también presupone violencia y coerción sobre los enemigos. No sólo es consenso…Por último, la hegemonía nunca se acepta de forma pasiva, está sujeta a la lucha, a la confrontación, a toda una serie de “tironeos”. Por eso quien la ejerce debe todo el tiempo renovarla, recrearla, defenderla y modificarla, intentando neutralizar a su adversario incorporando sus reclamos pero desgajados de toda su peligrosidad.
La sociedad tacuaremboense se estructura en relaciones de poder opresivas que someten y construyen sujetos que se creen merecedores de situaciones que irrespetan sus derechos básicos. Quienes violentan esos derechos son conciudadanos que se consideran con el poder de determinar las formas de vida miserables de sus compañeros, porque imitan formas de dominación que ellos han vivido desde siempre. La vieja frase de “el pez grande se come al pequeño” aquí es aplicable. Se reitera la relación de opresión desde quienes ocupan cargos más altos hacia los más bajos.
Quienes han sido sometidos cuando tienen oportunidad de ocupar un cargo en el que pueda ejercer una cuota de poder sobre sus compañeros, actuará de la misma manera que se hizo con él, porque dentro del dominado vive la representación del dominador. Estar oprimidos se plantea como una situación que les tocó vivir, a la que hay que resignarse, porque “el mundo es así”. Qué difícil es cuestionar lo que se nos ha incorporado desde pequeños, tomar conciencia de lo injusto es el primer paso para luchar por la emancipación, por la libertad. Pero en nuestra sociedad tacuaremboense estos procesos de reflexión que habiliten la lucha no son fomentados, al contrario se suprimen porque no conviene a los intereses de los poderosos. Si se incentiva la reflexión y asunción de derechos de peones, empleados y domésticas, ¿Quiénes trabajarán para beneficio de los patrones? El irrespeto, la negación de la dignidad del trabajador es indispensable para reproducir la opresión.
No todos los sujetos responden de la misma manera ante estas situaciones pero en el caso al que nos referimos vemos una continuidad de relaciones de opresión. Así los opresores someten a los oprimidos desde distintos ámbitos y se crea una sociedad en la que existen sujetos de primera y otros a los que no se les concede la calidad de seres humanos. Estas situaciones se posibilitan porque el resto de los conciudadanos lo permitimos, callamos, somos indiferentes, y contribuimos con nuestro silencio a perpetuar esa situación de violenta injusticia. Hasta que aparecen personajes como Miguel Olivera Prieto, quien sensible ante la injusticia investiga y saca a la luz lo que ocurre, la sociedad se niega a admitir, a sacudirse de la cómoda somnolencia, pero la constancia de la verdad insiste, porfiada, hasta que interviene el sistema judicial.

Estas situaciones que conocimos en ADEOMT son representativas de tantas otras que están en la oscuridad, múltiples son las formas de opresión en Tacuarembó que quedan ocultas y sumidas en el silencio. La opción es personal ¿continuar reproduciendo la opresión o luchar para evidenciar y generar conciencia?…

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