Afectividad líquida. Prof. Sheila Tarde

Afectividad líquida

“¿Es el amor un arte? En cuyo caso requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno tropieza si tiene suerte?” Fromm (1956)

El hecho de ser docente de adultos me brinda muchas oportunidades de aprendizaje y de convertirme en oyente de reflexiones que no pasan solo por cuestiones estrictamente académicas. En algunas oportunidades se me acercan estudiantes que en sus conversaciones dejan traslucir sentimientos, deseos y angustias que parten de sus experiencias de vida, en esas charlas plantean temas que se encuentran en el ámbito de sus relaciones personales, íntimas. Como estudiante de las cuestiones sociales sé que todo lo humano tiene un sustento teórico, por eso en esta oportunidad me referiré a la temática de las relaciones íntimas en la sociedad actual, en la era posmoderna.
Francois Lyotard, filósofo fránces, fue el primero en llamar al tiempo en que vivimos como “posmoderno”, como manera de diferenciarlo de la era moderna. Otros autores, como Zygmunt Bauman (filósofo polaco) la denominan como “modernidad líquida”, haciendo un contraste con la modernidad a la que caracteriza como a una etapa de solidez y certezas, lo sólido ha dado paso a lo líquido, o sea a lo efímero, a lo que fluye sin detenerse, a lo inconstante. Esta sociedad actual presenta características propias que la diferencian de la etapa anterior, es una sociedad individualista, que prioriza vivir aquí y ahora, en la que existe una fuerte presencia de la tecnología. La socialización ya no se limita a los referentes adultos más cercanos sino que hoy los medios de comunicación masivos han invadido nuestras vidas actuando como potentes constructores de nuestras subjetividades. El capitalismo continua imperando aunque ha mutado convirtiéndonos a todos en consumidores “full time”, la lógica del mercado ha permeado nuestra forma de relacionarnos afectando incluso nuestras relaciones más íntimas.
Bauman publica una obra en 2003 titulada “Amor líquido”, en la que analiza como en tiempos de liquidez las relaciones íntimas se han modificado y a esto se referían las conversaciones de las jóvenes de las que hablaba en el inicio. Sus charlas traslucían una especie de desencanto ante lo fugaz de las relaciones actuales, comentaban el asombro que les causaba el 25 aniversario de boda de unos abuelos y todas se preguntaban ¿cómo se podía vivir con una misma persona durante tantos años?, algunas afirmaban que lo que los unía ya no era amor sino costumbre, otras no estaban de acuerdo decían que se amaban sólo que de manera diferente que al inicio de la relación. Así, se fue dando una charla informal que me llevo a pensar en la obra de Bauman y en las relaciones actuales en época de modernidad líquida.
En nuestra época el individualismo que caracteriza a las sociedades líquidas ha debilitado los lazos sociales, generando que adquiera especial importancia lo que me ocurre a mí, sin preocuparme demasiado por la responsabilidad que tengo hacia el “otro”. El comprometerse con otra persona genera una inversión de tiempo y esfuerzo que el sujeto de la modernidad líquida no ve con buenos ojos, tener que concentrarse en la relación con la pareja implica riesgos y además perder la oportunidad de entablar otras relaciones que puedan resultar más placenteras. En tiempo de consumidores se desean contraer relaciones efímeras, que garanticen un placer inmediato e intenso pero que no demanden dedicación ni entrega, esa es la lógica consumista.
“…el objetivo final de Bauman es dilucidar cómo la urgencia consumista, al permear todas las esferas de nuestra existencia, distorsiona igualmente el terreno de los afectos, forzándonos a pensar las relaciones en términos de costes y beneficios.” Bauman (2003)
“…las relaciones amorosas siguen el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo” Fromm (1956)
Cuando la relación se prolonga empieza a adquirir un carácter de estabilidad y solidez, requiere de dedicación y responsabilidad por lo que el sujeto con lógica consumista no está dispuesto a hacer el esfuerzo, máxime cuando no tiene garantía de lo que recibirá a cambio, porque cuando entablamos una relación amorosa nos arriesgamos a sufrir, el amor no tiene póliza de seguro, no existen garantías de salir ileso.
Por ello se prefieren las relaciones de “bolsillo”, encuentros ocasionales que surgen a partir de un baile, o de una llamada, son relaciones que no implican compromiso y que tienen sus condiciones “: se prohíbe que la emoción emerja, porque de esta manera puede arrebatar la tranquilidad que generan. La conveniencia de ambos es el único requisito para esta unión, es decir, cuanto menos se invierta, es mejor porque menos se pone en juego. La segunda condición, es mantener la relación en ese estado, es por esto que no se debe pasar mucho tiempo en la interacción, porque se corre el riesgo de que se salga del bolsillo y de que se empiece emocionar ante la presencia del otro. Ramírez, (2009)
Bauman nos advierte irónicamente: “No se deje atrapar. Evite los abrazos demasiado firmes. Recuerde: cuanto más profundos y densos sean sus lazos, vínculos y com¬promisos, mayor es el riesgo. No confunda una red – un entramado de caminos por los cuales deslizarse – con una tela de araña, ese ob¬jeto traicionero que sólo sirve para atraparnos. Y por sobre todo, jamás lo olvide: ¡no hay nada peor que jugárselo todo a una sola carta!” Pág. 67
La práctica continua de las relaciones de bolsillo también llamadas “touch and go”, encuentros de pocas noches en las que se intenta llenar un vacío de almas a través del encuentro entre dos cuerpos, terminan generando angustia y lo que en realidad tratan de esconder es el miedo a no ser queridos, a ser desechados como un producto que ya no sirve. “Temeroso él mismo de ser consumido y luego arrojado a la basura, se parapeta tras los muros de la privacidad y procura que nada, ni siquiera el amor, le altere y le haga sentir extraño, entablando con los demás una versión más de ese juego de la convivencia humana que a diario nos enseñan los diferentes programas estrellas de la tele-realidad, donde la supervivencia es la meta y ganar dicho juego pasa por saber servirse de los otros para explotarlos en beneficio propio, evitando el destino final de los desechados.” Bauman, (2003)
Jugar el juego de la afectividad líquida, motivado por la lógica consumista, deja daños que tergiversan el verdadero sentido de la unión amorosa porque como dice Fromm en su obra “El arte de amar” (1956) “El sexo sin amor sólo alivia el abismo que existe entre dos seres humanos de forma momentánea”.
Para desarrollar el arte de amar es necesario previamente amarnos a nosotros mismos, animarse a tomar riesgos y estar dispuestos a crecer aunque eso implique sufrir. No existen caminos cortos para madurar, pero al evitar transitar por esos largos e intrincados caminos corremos un riesgo mayor, el riesgo de perdernos a nosotros mismos…
Referencias bibliográficas:
-Bauman, Z. (2003) “Amor líquido”. Fondo de cultura económica.
-Fromm, E. (1956) “El arte de amar”. Paidós.
-Ramírez, A. (2009) Revista Electrónica de Psicología Social «Poiésis» ISSN 1692−0945 Nº 17 – Junio de 2009

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