Loa a los anormales. Publicado en “La otra voz”

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás”. Gandhi

Hace unos días ocurrió lo que los medios de comunicación masiva llamaron, la mayor masacre en EEUU desde los hechos del 11 de setiembre de 2001. Fueron asesinadas 49 personas en un club gay, otras tantas quedaron heridas. Este fue un crimen de odio, o sea, las víctimas fueron elegidas por una razón que los unía, en este caso su orientación sexual.

Muchas voces “políticamente correctas” se han alzado manifestando su repudio ante este hecho, no creo que muchas de ellas sean sinceras, por el contrario creo que nuestra sociedad esconde mucha violencia y disimula una profunda discriminación ante todo aquello que se aparte de lo “normal”.

Desde que nacemos la sociedad nos constriñe a adaptarnos a los cánones establecidos, encorsetándonos a reglas fijadas por quienes detentan el poder, ya sea económico, religioso o de otra índole. Ellos son quienes determinan como debemos ser. Así, la homosexualidad sigue siendo vista como una excepción, como algo fuera de lo normal, lo “natural” es que sean hombres con mujeres los que se relacionen amorosamente y constituyan una familia, la cual deberá formar a sus hijos en los valores dominantes y continuar reproduciendo las tradiciones aceptadas socialmente. Aún hoy se ve como una desgracia que un hijo “te salga” homosexual, los padres llegan a cuestionarse ¿en qué fallé? cuando esto ocurre.

Quienes optan por vivir plenamente su orientación sexual saben que esta decisión les acarreará mucho dolor, deberán soportar todo tipo de humillaciones en los distintos ámbitos en que desarrollan su vida cotidiana. Por eso muchos prefieren ocultarse, y seguir la farsa impuesta socialmente, consideran que el precio que deben pagar por mostrarse tal cual son es demasiado elevado. Es que aceptarse equivale a amarse y no todos tenemos el coraje como para hacerlo, desde pequeños nos enseñan que es más importante ser aceptados por los demás que por nosotros mismos, por eso, jugarse por lo que realmente somos es una decisión que pocos se atreven a tomar.

Hay que tener mucho valor para enfrentar los discursos dominantes en nuestra sociedad, en ella se privilegian las fachadas, las imágenes, el exterior, por eso muchas veces nos centramos en aparentar lo que no somos para que nos incluyan, para que nos traten como iguales, porque no nos amamos lo suficiente y tememos el dolor que nos produce no ser incluidos en la mayoría, todos queremos ser “normales”.

Al buscar el concepto de normalidad  encontramos: “es la cualidad o condición de normal (que se ajusta a las normas o que se halla en su estado natural). En un sentido general, la normalidad hace referencia a aquel o aquello que se ajusta a valores medios.” Lo que es “normal” varía en función del tiempo y el lugar, así condiciones denominadas como  anormales antes hoy son incluidas como normales, un ejemplo es la categoría de homosexuales, la cual era considerada una enfermedad psiquiátrica por la Organización Mundial de la Salud hasta  1990, fue recién en esa fecha que se tomó conciencia, por parte del mundo médico, que la identidad sexual es una opción. ¿Cuánta gente tuvo que sufrir y morir por su condición para llegar a ese momento? Y ¿Cuánto tiempo más deberemos esperar para que la discriminación hacia los homosexuales continúe generando dolor y muerte?

Al pensar en el concepto de normalidad uno se pregunta ¿acaso las personas pueden regirse por patrones como si fueran objetos?, ¿quién determina cual son los valores medios o normales?, ¿y si lo normal es la constante violación de los derechos  de otras personas, debemos apegarnos a ello para ser considerados normales?, ¿es negativo encontrarse fuera del grupo promedio?

Si ser “anormal” es estar por fuera del grupo promedio o de la mayoría en una sociedad tan enferma, que se dedica a matar… ¡Vivan los anormales! Es gracias a muchos de ellos que se han realizado descubrimientos, invenciones, cambios, que han mejorado el mundo. Me vienen a la mente muchos “anormales” que incidieron en  el mundo y ayudaron a infinidad de personas, por ejemplo: Jesús, Sócrates, Gandhi, Leonardo Da Vinci, Martín Luther King, entre ellos también hay varios homosexuales. Podríamos citar uno de los más recientes, el británico Alan Turing (23/6/1912-7/6/1954) matemático, lógico, criptógrafo, filósofo y maratonista, él es considerado un precursor de la informática moderna, gracias a su brillantez se decodificaron códigos nazis con lo cual colaboró en salvar muchas vidas. Su muerte es un claro ejemplo que demuestra la crueldad e hipocresía de nuestras sociedades, como en esa época la homosexualidad era considerada una patología, fue condenado por serlo y se le sometió a una terapia hormonal forzosa, lo que presumiblemente generó su suicidio, aunque algunas versiones afirman que lo asesinaron. Su genialidad fue cercenada por la crueldad de los “normales”, y así como su caso podríamos citar muchos otros ejemplos…

En definitiva, todos deberíamos tener derecho a vivir libremente y a aceptarnos tal cual como somos, reprimirnos y fingir para ser incluidos dentro de la mayoría es sólo una demostración más de que nuestra sociedad está muy enferma. En vez de priorizar el amarnos a nosotros mismos la sociedad nos enseña a fingir para ser incluidos dentro de lo que algunos determinan como “normales”. Desde estas líneas expreso mi reconocimiento a todos los “anormales” que se atreven a cuestionar las imposiciones sociales generadoras de discriminación, a las mujeres que luchan contra los estereotipos de género, a los homosexuales que luchan por vivir plenamente su opción, y a todos aquellos que colaboran en la construcción de una sociedad más humana.

 

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