Pensamiento crítico latinoamericano. Publicado en Revista “Convocación” noviembre 2018

PENSAMIENTO CRÍTICO LATINOAMERICANO

 

“Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes” J. Martí (1891)

Resumen: En este artículo invitamos a conocer y revalorizar al pensamiento crítico latinoamericano. Consideramos que sus aportes son relevantes para construir una mirada propia sobre nuestra América Latina, por ello presentamos brevemente la obra de José Carlos Mariátegui y Florestan Fernandes, precedida de una serie de datos biográficos que colaboran en la comprensión de sus perspectivas. Ambos autores comparten el objetivo de develar la situación de dominación que viven indígenas y negros en nuestro continente, en el entendido de que la concientización es una forma de contribuir a la lucha contra la desigualdad.

 

Introducción:

Este trabajo plantea los aportes de una serie de autores latinoamericanos que se enmarcan en una postura crítica, el objetivo es visibilizar sus voces dado que en los currículos de formación de docentes no existe una presencia relevante de pensadores coterráneos. El docente necesita construirse como un intelectual, alejándose de la postura que lo reduce al rol tecnicista, para lograrlo requiere complejizar su mirada accediendo a múltiples visiones sobre el mismo hecho, por ello la diversidad de posturas resulta indispensable.

Desde estas líneas se considera clave reflexionar sobre las ideas de los autores de nuestra tierra, dado que la versión histórica predominante es la de extranjeros consideramos necesario revalorizar otras voces especialmente las de nuestros propios intérpretes. Los saberes originarios fueron negados desde el inicio de la colonización, la dominación se realizó a espada y cruz, avasallando las vidas y las tradiciones de nuestros antecesores, en la actualidad continuamos incrementando esa deuda con nuestros propios hermanos, porque la visión predominante desconoce los aportes teóricos que realizan los intelectuales nacidos en nuestra América. A propósito recordamos las palabras de José Martí en su obra “Nuestra América”

“¿Sino nos conocemos como creceremos?…En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages: porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella…Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria.” (Martí, pág. 135)

Nos enfocamos en la postura crítica porque su planteo nos invita a pensar en otro mundo posible, diferente al que habitamos en el que las desigualdades son la norma. Los autores que jerarquizamos en este trabajo tienen un mismo objetivo: plasmar la voz de los desprotegidos, lo que constituye un paso previo necesario para tomar conciencia y generar propuestas de cambios que permitan construir un mundo más equitativo.

La selección de autores que presentamos fue realizada por el Dr. Martín Bergel desde la Universidad de Quilmes, para el curso “Teoría crítica latinoamericana” del Consejo latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Son múltiples los autores tratados, aunque se destacan:

– José Carlos Mariátegui, (1894- 1930) el gran “amauta” peruano,

– el singular Florestán Fernándes (1920-1995) en Brasil,

– Pablo González Casanova (1922), de México,

– Guatemala  con  Edelberto Torres Rivas (1930),

– vuelve a Brasil para presentar a  Ruy Mauro Marini (1932-1997),

– en Chile y con su labor en la CEPAL redescubre a Enzo Faletto (1935-2003),

– en Colombia  Orlando Fals Borda (1925-2008),

– en Bolivia a René Zavaleta Mercado (1935-1984),

– en Ecuador a  Agustín Cuevas (1937- 1992)

– y por último Bolivia con  Álvaro García Linera (1962)

Un interés común que comparten los autores latinoamericanos es la cuestión política, sienten un compromiso con la defensa de los más sumergidos, por ello son denominados como “intelectuales de la calle”. Muchas de sus ideas, sobre todo a mediados del siglo XIX, fueron difundidas a través de periódicos y revistas, que actuaron como creadores de “sociedades de pensamiento” En los años 60 los intelectuales hacen su denuncia ante  la influencia de los mass media, argumentado que manipulan a las masas y contribuyen a la desnacionalización. Con el paso del tiempo los intelectuales se ven impulsados a formar parte de estos medios pero con un papel diferente, incitando a la reflexión y al cuestionamiento.

De más está decir que en este trabajo apenas se plantearán algunos conceptos breves de la vasta obra de dos de los teóricos seleccionados, pretendemos que este planteo inicial sea una invitación a profundizar en sus lecturas. En esta oportunidad abordaremos a los dos autores presentados al inicio: José Carlos Mariátegui y Florestan Fernandes, identificando en ellos puntos de encuentro tanto en sus vidas como en sus intereses académicos. Consideramos necesario brindar una breve contextualización biográfica previo al planteo de algunos conceptos claves de su pensamiento, dado que somos productos sociales y son justamente las experiencias vividas las que nos facilitan comprender los aportes teóricos.

 

-José Mariátegui, el “amauta” peruano

 

Algunos datos biográficos

José Carlos Mariátegui nace en Moquegua, el 14 de junio de 1894. Su padre abandona su familia siendo pequeño, por lo que con su madre y sus dos hermanos se trasladan a Huacho donde vive la familia materna. Al año siguiente de ingresar a la escuela sufre una lesión en una de sus piernas, que le llevará a estar internado en Lima y vivir cuatro años de convalecencia,  es en esta  época que se despierta su afán por la lectura. Su formación es atípica, no pasa por la universidad, incluso él se define como “anti universitario”. El ámbito en el que se formó fue el de la prensa, desde los 14 años comenzó a trabajar en el mayor diario de la capital peruana, allí recorre diversos puestos y sobretodo se forma como un autodidacta, relacionándose con la bohemia literaria y conociendo el mundo convulsionado en esos momentos por hechos como la primera guerra mundial, la revolución rusa y el ascenso del fascismo italiano. En 1911 publica su primer artículo en el diario “La Prensa” bajo el seudónimo de Juan Croniqueure. A esta primera etapa Mariátegui la llamará mi “edad de piedra”, renegando de ella. En el Perú de esta época el gobierno del dictador Augusto Leguía reprime las luchas de obreros y estudiantes que son apoyadas por Mariátegui. En octubre de 1919 el gobierno lo envía a Europa, en una deportación encubierta, allí conocerá a su esposa Anna Chiappe y vivirá hasta 1923. Es en el viejo continente donde tendrá su mayor formación como marxista y socialista. Figuras como Gramsci y Croce y el clima de las luchas de obreros e intelectuales, permeadas de un espíritu anti positivista, inspirarán a Mariátegui.                                                                                                                                     Comparte caminos paralelos con Gramsci, viendo al socialismo como posibilidad vigente no tanto por la razón sino, gracias a la pasión y a la imaginación. Su estadía en Europa le lleva a afirmar:

“Sólo me sentí americano en Europa. Por los caminos de Europa, encontré el país de América que dejara y en el cual viviera casi como un extraño y ausente. Europa me reveló hasta qué punto yo pertenecía a un mundo primitivo y caótico; y, al mismo tiempo, me impuso, me esclareció el deber de una tarea americana […] Europa me había restituido, cuando parecía haberme conquistado plenamente, al Perú y a América.” pág. 9 (Mariátegui, La tarea americana, 2010)

 

A su regreso es invitado a dar conferencias en la Universidad Popular González Prada, la que será reconocida en toda América latina. En 1924 los problemas de su pierna obligan a amputársela, aunque esto no limita su afán de lucha. A partir de 1926 publica su revista “Amauta” (así se llamaba a los educadores y sabios en el imperio Inca), a la que define como socialista a partir de 1928. Sus problemas de salud se agravan y se ve confinado a su casa que se convertirá en punto de reunión de intelectuales de toda índole. Mariátegui se adhiere al APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), fundado por Torres de la Haya, mientras continua con su labor intelectual y la publicación de “Amauta”, que incluyó un espacio constante dedicado al “problema del indio”. Su revista “Amauta” fue una publicación dinámica que generó un punto de conexión entre las vanguardias políticas y artísticas regionales y de ellas con el mundo del momento. Incluía artículos diversos con corresponsales renombrados que se encontraban por todo el mundo. En esta publicación Mariátegui difundirá escritos que luego integrarán los “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”, una de sus obras más importante publicada en 1928. Toda esta labor no impide que nuestro autor continúe con su lucha para cimentar la formación de la “Central General de los Trabajadores Peruanos” en 1929, los obreros serán reprimidos por el gobierno del dictador Leguía y Mariátegui encarcelado. Luego de liberado decide viajar a Buenos Aires en donde se reunirá con el escritor Glusberg, vuelve a Perú en 1930 y en marzo sufre una recaída de su vieja dolencia de la cual ya no se recuperará. Fallece el 16 de abril del mismo año.

 

Algunas claves de su pensamiento

 

En este apartado rescatamos algunas características esenciales del pensamiento de este autor, denominado como el primer marxista latinoamericano, un pionero con una aguda visión sobre la realidad de su tiempo.

Mariátegui fue un intelectual con un amplio abanico de lecturas que fomentaron una serie de ideas novedosas para la época en nuestra región. Algunas de estas lecturas promovieron que su mirada se dirigiera a Oriente en búsqueda de ideas esenciales que  permitieran conformar una filosofía universal. Según su postura la crisis de Occidente  da un nuevo lugar a Oriente. Él entendía que Europa había perdido su autoridad moral ante Oriente, como producto de sus guerras encarnizadas, consideraba que existía un Renacimiento de Oriente como efecto de la descomposición de la civilización europeo occidental, aunque en el análisis de esa caída realiza una precisión, lo que se acerca a su fin es el ciclo de la civilización capitalista. Incluso valores de Occidente han adquirido otro relieve en Oriente: la democracia, la libertad, el marxismo. Mariátegui siguió de cerca movimientos anticolonialistas, como por ejemplo en India a Gandhi. Le concedió gran relevancia  a la agitación revolucionaria de los pueblos orientales, tanto por su significación en el proceso de crisis mundial, como por su homologación con los pueblos indígenas del Perú, esa visión positiva disminuyó en los últimos años al no fructificar algunos procesos revolucionarios en Oriente.

Para Mariátegui el internacionalismo no es un ideal, es una realidad. El amauta peruano, ya en esa época, tiene gran capacidad para visualizar las estrechas relaciones que afectan mutuamente a todos los países del mundo. Afirma “El sistema de causas que gobierna nuestra suerte se extiende a la totalidad del globo.”. Aunque es criticado por quienes lo tildan de europeizante, ajeno a los hechos y a las cuestiones de su país, su postura es en realidad defensora de América.

Sin dudas un hombre adelantado a su época, nuestro peruano era un vanguardista, no sólo en cuestiones filosóficas y políticas sino muy interesado por las manifestaciones artísticas, fue en Europa donde accedió al conocimiento del surrealismo, impresionismo, realismo y demás corrientes que incrementaron su acervo cultural. El vanguardismo se planta como subversión a lo establecido, la vanguardia política (construcción de futuro socialista) se retroalimenta con la vanguardia artística (denuncia de formas ya obsoletas). Fue admirador de Chaplin, al que veía como un artista crítico que lograba evidenciar las características de la sociedad capitalista conmoviendo a todos, sin diferencias sociales “El arte logra, con Chaplin, el máximo de su función hedonística y libertadora. Chaplin alivia, con su sonrisa y su traza dolidas, las tristezas del mundo. Y concurre a la miserable felicidad de los hombres, más que ninguno de sus estadistas, filósofos, industriales y artistas.” pág. 77 (Mariátegui, La tarea americana, 2010)

Fue, además, sensible a las luchas por los derechos de las mujeres, se adhirió a las reivindicaciones de  los movimientos feministas afirmando: “a este movimiento no deben ni pueden sentirse extraños ni indiferentes los hombres sensibles a las grandes emociones de la época”. pág. 91 (Mariátegui, La tarea americana, 2010)

Como gran analítico que era Mariátegui reconoce en Freud y Marx dos grandes mentes que comparten un mismo objetivo: desenmascarar. Identifica coincidencias en los métodos que utilizan para abordar las problemáticas que  ambos estudian. “La interpretación económica de la historia no es más que un psicoanálisis generalizado del espíritu social y político” pág. 130 (Mariátegui, La tarea americana, 2010)

En su defensa del indigenismo Mariátegui discrepaba con los intelectuales coterráneos, porque para ellos la tradición en Perú era fundamentalmente colonial y limeña. Esta posición conservadora pretendía imponer una tradición más bien española que nacional, defendiendo un interés clasista y político de la casta feudal. Nuestro amauta se oponía a esta perspectiva, identificando la verdadera tradición con la historia de los Incas,  pueblo originario de Perú, y es la revolución quien reivindica al pasado incaico como la auténtica tradición.

En la línea de su indigenismo resulta especialmente relevante su análisis sobre lo que él llama “el problema de las razas”. Mariátegui enfrenta el discurso dominante de la época denunciando que las masas indígenas en América Latina se encontraban en un estado de atraso e ignorancia generado por la servidumbre que se inicia desde la conquista española. Esa situación se ha prolongado hasta la actualidad porque los criollos peruanos han asumido el rol de explotadores, convertidos en dueños de grandes extensiones de tierras los gamonales (hacendados latifundistas) se enriquecen sometiendo a los indígenas, legítimos dueños de la América Latina. Ese despojamiento de sus tierras y las relaciones de sometimiento son explicados con el falso argumento de la inferioridad de razas o el primitivismo, relegando a los indígenas a la condición de esclavos en su propia casa. Con su incisivo discurso Mariátegui denuncia:

 

“De todo resulta que un inglés, un alemán, un francés, un belga, un italiano, si lucha y muere por la patria es un héroe; pero un africano, si osa defender su patria contra esas naciones, es un vil rebelde y un traidor. Y los europeos cumplen el sacrosanto deber de destruir a los africanos, como por ejemplo en el Congo, para enseñarles a ser civilizados.”(Mariátegui, La tarea americana, 2010)

 

 

Desde su planteo, nuestro amauta peruano, devela que la colonización ha retrasado y perjudicado a las razas indígenas, afirmación que despierta fuertes enconos en las clases dominantes. La evolución natural de los originarios de América Latina ha sido interrumpida por la opresión del blanco y del mestizo, los colonizadores fueron quienes iniciaron esta tarea pero la continúan los criollos nacidos en nuestra tierra que se erigieron en clase dominante traicionando las reivindicaciones  de sus hermanos y beneficiándose con su explotación.

Las posibilidades de que el indio se eleve material e intelectualmente dependen del cambio de las condiciones económico-sociales. No están determinadas por la raza, sino por la economía y la política. La raza, por si sola, no despertará ni defenderá una idea emancipadora, lo que asegura su emancipación es el dinamismo de una economía y una cultura que portan en su entraña el germen del socialismo. Las culturas originarias fueron defensoras del trabajo comunitario y del respeto por los bienes naturales, en cambio la sociedad actual incentiva la explotación indiscriminada de bienes y personas, en beneficio de una élite.

Mariátegui cree que la lucha unida y organizada puede contribuir a la emancipación, sus análisis teóricos son justamente una de sus herramientas de lucha.

 

“Los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” (1928)

 

En la advertencia a los “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” Mariátegui manifiesta que su labor es una contribución a la crítica socialista de los problemas y la historia del Perú Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, son el primer análisis marxista sistemático de la evolución histórica de un país latinoamericano, un proceso singular y no la copia de modelos ya aplicados.

Componen esta obra los siguientes ensayos: “Esquema de la evolución económica”, “El problema del indio”, “El problema de la tierra”, “El proceso de la instrucción pública”, “El factor religioso”, “Regionalismo y centralismo”, “El proceso de la literatura”. De acuerdo a palabras de Aníbal Quijano, esta obra representa la primera ruptura con el eurocentrismo, es el inicio de una subversión teórica desde una visión marxista, que le permite visualizar a la gran masa de la población peruana constituida mayormente por indígenas. Es de esta obra que seleccionamos el ensayo “El problema del indio”, para centrarnos en este trabajo.

 

 

“El problema Indígena” (1928)

 

“Existe, por tanto, una instintiva y profunda reivindicación indígena: la reivindicación de la tierra. Dar un carácter organizado, sistemático, definido, a esta reivindicación es la tarea que tenemos el deber de realizar activamente.”(Mariátegui, La tarea americana, 2010)

 

Mariátegui inicia su trabajo analizando el problema indígena desde una perspectiva económica y social. La propiedad de la tierra es el punto nodal, es el feudalismo con su régimen de concentración de tierras y el trabajo gratuito lo que se encuentra en la raíz del problema indígena. La colonización hispana terminó con el régimen incaico de trabajo comunitario de las tierras, implantando el sistema feudal e imponiendo la explotación de los indígenas, este régimen se mantiene aún luego de la independencia, no fue desvirtuado con la República, una nueva clase dominante se apropió de las tierras pero el régimen de sometimiento continuó. El problema no se limita a la dominación española, el problema indígena está generado por la ausencia de lo que es vital para el indígena, su medio de vida, su cultura, su concepción del mundo depende de la tierra.

 

“La República ha significado para los indios la ascensión de una nueva clase dominante que se ha apropiado sistemáticamente de sus tierras. En una raza de costumbre y de alma agrarias, como la raza indígena, este despojo ha constituido una causa de disolución material y moral. La tierra ha sido siempre toda la alegría del indio. El indio ha desposado la tierra. Siente que la vida “viene de la tierra” y vuelve a la tierra. Por ende, el indio puede ser indiferente a todo, menos a la posesión de la tierra que sus manos y su aliento labran y fecundan religiosamente…” pág. 30 (Mariátegui, La tarea americana, 2010)

 

El problema indígena debe centrarse en la propiedad de la tierra, la ignorancia, el atraso y la miseria de los indígenas es la consecuencia de su servidumbre. Para combatir esto males hay que centrarse en obtener la tierra, esa es la realidad que se debe enfrentar, resultan inútiles los enfoques que se realizan desde una perspectiva unidimensional ya sea administrativa, jurídica, étnica, moral, eclesiástica o educacional. Hay quienes sustentan  que el problema indígena es un problema étnico, según Mariátegui esta postura se nutre del más envejecido repertorio de ideas imperialistas. Otros tienen la tendencia a considerar el problema indígena como un problema moral lo que encarna una concepción liberal, humanitaria, iluminista, que no se enfoca en las verdaderas causas. Si adoptamos este enfoque tendríamos que recordar que la conquista fue la empresa con mayores cuestionamientos morales, sin el asesinato y la explotación no hubiera sido posible llevarla a cabo.

 

“No podía suceder de otro modo: oficialmente se ordenaba la explotación del  vencido y se pedía humanidad y justicia a los ejecutores de la explotación; se pretendía que humanamente se cometiera iniquidades o equitativamente se consumaran injusticias. Para extirpar los abusos, habría sido necesario abolir los repartimientos y las mitas, en dos palabras, cambiar todo el régimen Colonial. Sin las faenas del indio americano se habrían vaciado las arcas del tesoro español.” pág. 28 (Mariátegui, La tarea americana, 2010)

 

 

El problema del indio tampoco es un problema de educación, ya que los propios pedagogos reconocen que el medio económico social condiciona la labor del maestro. El gamonalismo es adverso a la educación del indio, su interés está en que el indio siga en la ignorancia y sometido por el alcoholismo, vicio que fue impulsado a partir de la conquista. “El gamonalismo fomenta y explota los vicios que bajo cierto aspecto se alimentan de los impulsos de la lucha contra el dolor, particularmente vivos y operantes en un pueblo subyugado” pág. 34.

Mariátegui es claro y reafirma que el nuevo planteamiento consiste en buscar el problema indígena en el problema de la tierra

 

“El concepto de que el problema del indio es un problema de educación no aparece sufragado ni aún por un criterio estricta y autónomamente pedagógico. La pedagogía tiene hoy más en cuenta que nunca los factores sociales y económicos…  El medio económico social condiciona inexorablemente la labor del maestro. El gamonalismo es fundamentalmente adverso a la educación del indio: su subsistencia tiene en el mantenimiento de la ignorancia del indio el mismo interés que en el cultivo de su alcoholismo.” pág. 28 (Mariátegui, La tarea americana, 2010)

 

 

El indigenismo de Mariategui parte de un concepto amplio de indígena, lo es tanto el que habita la sierra como el que vive en la costa, ambos integran la clase explotada de un Perú multifacético que no puede estar escindido. La mayoría de la población indígena es explotada en el medio agrario bajo el régimen feudal, para acabar con él se requiere una salida hacia el socialismo, para construirlo es necesario que se reivindique al indígena en lo económico, en lo social e incluso en la literatura. Esta reivindicación no implica un “volver atrás” nostalgioso, sino la construcción de una revolución que acabe con el feudalismo y sus expresiones: el gamonalismo, el latifundio y la servidumbre. Son los propios indios quienes deben construir la solución, para ello es necesario que se comuniquen, que se organicen, que se genere una conciencia de clase. Para lograr que el campesinado agrario se comunique con el proletariado urbano y que supere la desconfianza que le genera todo lo que viene de la ciudad, Mariátegui propone una solución Gramsciana preparar a indígenas militantes salidos de su medio para que vuelvan, logren una ascendencia sobre sus compañeros y difundan las ideas socialistas que tienen tanto en común con el régimen comunitario indígena.

 

“…la vanguardia obrera (disponga) de aquellos militantes de la raza india, que en las minas o en los centros urbanos, particularmente en los últimos, entran en contacto con el movimiento sindical, se asimilan a sus principios y se capacitan para jugar un rol en la emancipación de su raza.” (SSA de a IC, 1929)

 

 

En resumen el problema del indio no puede ser reducido a un  problema  administrativo, pedagógico, étnico o moral, sino que se debe visualizar su verdadero origen y ubicarlo en el plano económico. Nuestro amauta sostiene: “No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra.” El indígena es parte de la tierra, su relación con ella es única, no puede ser comprendida por los gamonales quienes sólo la poseen para su explotación económica.

 

Mariátegui nos regala una análisis con una visión marxista, aguda, profunda, que nos permite interpretar el verdadero sentir de los desterrados de su pueblo, los indígenas, quienes han sido despojados de su esencia. Levanta su voz para visibilizar la explotación a la que son sometidos, enfrentando al poderoso, convencido de que con la lucha colectiva y organizada se podrá lograr la emancipación.

 

 

-Florestan Fernandes, un sociólogo socialista

 

 

Algunos datos biográficos

 

Nació en San Pablo, en julio de 1920, hijo de una campesina analfabeta que trabajaba como doméstica en casa de una familia acomodada, en ese hogar se socializó con los patrones blancos. El estado de sujeción en que se encontraban queda evidenciado en la siguiente anécdota: su madre decide llamarlo Florestán en honor al chofer de la casa que le cedía su café en las mañanas, pero sus patrones consideran que era “demasiado” nombre para el hijo de una empleada analfabeta por lo que es llamado Víctor. En ese hogar, observando la vida de sus patrones con sus hijos, es en donde Florestan adquirió:

“…el deseo de “ser gente”, lo que explicaría por qué (los niños) se rehúsan a aceptar un “tratamiento indigno” y sus “ansias incontenibles de mejorar de vida, de querer ascender, aceptando todos los sacrificios en pro de la mejora de su educación por creer que sus esfuerzos serán recompensados”. pág. 5 (Fernandes F. , 2008)

Al poco tiempo su madre decide irse para comenzar a trabajar de forma independiente, se dedica a lavar ropa por su cuenta para subsistir, junto a su hijo vivirá en sótanos e inquilinatos, donde conocerán penurias varias. Florestán deberá trabajar en la calle desde los 6 años, será lustra botas, mandadero y todo lo que le permita ayudar económicamente a su madre, situación que lo lleva a  abandonar la escuela a los ocho años. Sus duras experiencias incentivarán su deseo de superación y se convertirá en un lector voraz, él vivenciará la exclusión, la pobreza y el prejuicio, los cuales serán temas recurrentes en sus trabajos.

“…inicié mi aprendizaje a los seis años, cuando tuve que ganarme la vida como si fuera un adulto. Jamás habría llegado a ser el sociólogo en el que me convertí sin mi pasado y sin la socialización pre y extraescolar que recibí a través de las duras lecciones de la vida.” pág. 3 (Fernandes H. , 2008)

A los 17 años logra reinsertarse en la educación formal, culminando rápidamente los estudios inacabados con lo cual podrá ingresar a la Universidad de San Pablo con el objetivo de estudiar la carrera de Ciencias Sociales. Gracias a sus esfuerzos constantes y a la posibilidad excepcional que ofrecía esta universidad al ser gratuita, realiza una carrera exitosa, prontamente se interesa por la investigación y pasa a ser asistente de Fernando de Azevedo. De 1955 a 1969 dirige un grupo de sociólogos convirtiéndose en un catedrático destacado, logrando otorgarle a la Sociología el carácter de ciencia “reina”.

Al instalarse la dictadura en Brasil, él, que fuera un defensor acérrimo de la democracia, es detenido y se ve obligado a emigrar a Estados Unidos. En 1966 vuelve a su país, pero en 1969 la derrota ya es realidad, es destituido y debe exiliarse en Canadá, lo que significó un período dramático para Fernandes, estar alejado de su tierra lo confina a la tristeza sin consuelo. En sus palabras: “retirado de su ambiente, el intelectual no tiene vida, es  una planta de invernadero que muere precozmente” (pág. 13). Decide volver a Brasil en donde, de 1972 a 1977 por orden del gobierno de facto, se ve recluido a su propio hogar, allí escribirá obras comprometidas en defensa de su visión como sociólogo socialista. A partir de 1980 corren nuevos aires de cierta liberalización en su país y paulatinamente reinicia algunas actividades, en 1984 empieza a trabajar como publicista logrando difundir sus ideas contribuyendo a la formación de una comunidad de izquierda, esto lo lleva a su candidatura para diputado federal por el “Partido de los Trabajadores”, es electo dos veces, en ambas oportunidades  luchó para que fueran aprobadas las leyes que significarán una base para una democracia de la mayoría, así como también denunció  los riesgos de la burocratización interna al partido. Al enfermarse decide atenderse en la Salud Pública, generando la molestia de sus colegas que le ofrecen especialistas renombrados en el exterior, él se niega manifestando que si esa es la atención sanitaria que tiene su pueblo es la que el también debe recibir, la muerte le llega por una embolia  en 1995.

Dejó un legado de entrega comprometida a las causas de las luchas sociales, sentó las bases para la Cátedra de Sociología en San Pablo y generó una vasta producción académica integrada con más de 50 libros e innumerables artículos.

Seleccionamos un breve artículo ilustrativo de su aguda capacidad de análisis, referido a la situación del negro luego de la abolición de la esclavitud.

 

“La persistencia del pasado” (1965)

En este trabajo Fernandes analiza como en el Brasil de ese momento coexisten varias edades “históricos-sociales” con sus correspondientes situaciones humanas. Se concentra en la ciudad de San Pablo a fines del s. XIX para analizar el dilema racial brasileño, afirma que, a pesar de la abolición de la esclavitud, el antiguo orden racial permanece prolongando el sistema de castas. La “revolución burguesa” ha beneficiado a los sectores blancos de la población, inicialmente por la producción y exportación de café y luego por la urbanización e industrialización. En cambio el mundo de los negros estuvo apartado de estos procesos, aunque estaban allí, siendo parte de esa sociedad,  no vieron modificada su situación.  A pesar de que el sistema de castas jurídicamente desapareció en la realidad la desigualdad racial no varió. Fernandes sostiene que las causas de este proceso de demora sociocultural son varias, fue clave la demora de San Pablo en convertirse en ciudad, con la consiguiente lentitud en diversificar las ocupaciones que significaban oportunidades de trabajo. A su vez, cuando se inicia la expansión económica, coincide con la llegada de inmigrantes europeos que fueron desplazando al negro de las oportunidades laborales.

Otro elemento gravitante en el trabajo de Fernandes es la abolición de la esclavitud (1888), a la que identifica como un movimiento que respondía a los intereses y valores de los blancos afectados negativamente por el régimen esclavista. A pesar de que es el negro quien figura como sujeto de este proceso en realidad fue un objeto sobre el cual se tomaron decisiones que lo desprotegieron, dejándole sin los vínculos que tenía antes de la abolición. Los protagonistas fueron el hacendado y el inmigrante, este último eliminó al negro de las escasas posiciones que tenía, por lo cual a partir de la revolución burguesa el negro deberá conformarse con los trabajos más penosos. A esto se suma las propias condiciones con que no contaba el negro para realizar otro tipo de trabajos, su recientemente adquirida libertad le impedía concebirse como trabajador asalariado. Su concepción de lo que significaba “ser libre” no coincidía con los requerimientos que debía tener un trabajador asalariado, el cual debía someterse a estrictos horarios y reglamentos de trabajo. El negro no contaba con una serie de herramientas personales que le permitieran vivir de acuerdo a su nueva posición. Así se fue creando socialmente la imagen de que el negro no “servía” para realizar trabajos asalariados, el inmigrante se constituyó como más trabajador, más inteligente y reemplazó al negro sumiéndole en mayor degradación. La abolición lo declaró jurídicamente como hombre libre pero no lo dotó con los recursos psicosociales que le permitieran vivir como tal. Se vio obligado a trasladarse a las ciudades a vivir en las periferias, hacinados, con ocupaciones miserables, la mujer fue quien tuvo posibilidades de desempeñarse en el servicio doméstico, lo que generó que el hombre sin ocupación fuera ocioso, se fueron agregando problemas como el alcoholismo, la vagancia y la prostitución. En suma, la miseria y la degradación ganaron a los negros quienes tampoco tenían herramientas para combatirlas, la desmoralización se acrecentó y el resto de la población no se sensibilizó con su situación. Se generaron algunos movimientos sociales negros con la intención de defender sus intereses pero no lograron combatir la indiferencia de los blancos, quienes mantuvieron su postura de que los negros debían sus problemáticas a su condición racial.

“Como si el pasado se reprodujera constantemente en el presente, la concentración racial del ingreso, del prestigio social y del poder engendra un andamiaje social que nada (o muy poco) ostenta de competitivo, de igualitario y de democrático en sus líneas raciales.  Los blancos disfrutan de una hegemonía completa y total, como si el orden social vigente fuera, literalmente, una combinación híbrida del régimen de castas y del régimen de clases…” (Fernandes F. , 2008)

Con este análisis queda evidenciado como el pasado persiste, la desigualdad se mantiene. Irónicamente la abolición de la esclavitud, que se presenta inequívocamente como herramienta de mejora social, requiere de una mirada más compleja que tome en cuenta el perjuicio que ocasionó a los negros, dado que ellos no disponían de las capacidades psicosociales para vivir como hombres libres. Esa carencia los relegó a una mayor desigualdad, fueron desplazados de los puestos de trabajo por inmigrantes blancos, los negros libres deseosos de pertenecer al sistema sufren la fragmentación de los lazos internos que los unían culturalmente, a los que se añade la estigmatización porque son culpados por su fracaso.

 

 

A modo de cierre

A partir de las lecturas iniciales de estos dos grandes pensadores latinoamericanos, creemos que como educadores y habitantes de América Latina tenemos una gran deuda que deberíamos comenzar a saldar, es tiempo de abocarnos a conocer los aportes de nuestros propios intérpretes, ellos tienen mucho para decir.

 

Mariátegui y Fernandes fueron los autores seleccionados para este trabajo pero existen muchos otros que esperan ser descubiertos. En esta oportunidad optamos por dos pensadores que tienen por objetivo desenmascarar la situación de sometimiento de indígenas y negros, con el objetivo de contribuir a la lucha emancipatoria. Ambos autores tienen puntos en común, provienen de familias humildes, que se encuentran fuera del mundo de los intelectuales, tuvieron una figura paterna ausente. Los primeros años de ambos estuvieron marcados por la vivencia de situaciones de carencia y marginación, debieron trabajar desde pequeños y esas actividades les permitieron relacionarse con submundos diferentes, Mariátegui se insertó en el ámbito de la prensa y la bohemia intelectual que le rodeaba y Fernandes tuvo experiencias de socialización con los patrones blancos de su madre y a partir de los 17 años en la educación formal.

 

El afán por el universo de la lectura es característico en ambos, esos libros que les acercaban un mundo diferente al que vivían les hablaban de la posibilidad de construirse a sí mismos con otra perspectiva, el mundo intelectual les ofrecía un escape a la marginación en que se encontraban. Sus experiencias primarias de vida les dotaron de una sensibilidad para visibilizar y comprender a quienes, como ellos, viven en la marginación. Sólo quien ha sido objeto de esos procesos discriminatorios puede comprender plenamente a quien lo protagoniza. Sus obras contribuyen a visibilizar y concientizar acerca de esa situación de carencia.

A pesar de la diferencia de años y contextos en que ambos autores realizan sus trabajos, en ambos se aprecia la preocupación por analizar y revertir la situación de los oprimidos. Sus enfoques se apartan de análisis simplistas circunscriptos a explicaciones unidimensionales, por el contrario,  tomando elementos del marxismo construyen herramientas de análisis propias para estudiar realidades complejas y singulares como las que vivimos en nuestra América Latina. Ambos se convierten en pioneros, líderes de vanguardia que trazan caminos en las ciencias sociales de sus respectivos contextos. También fueron protagonistas de la lucha contra regímenes dictatoriales, que sus países debieron sufrir, con su accionar nuclearon a grupos de intelectuales que se nutrieron de sus conocimientos.

En sus análisis se percibe como a pesar de los cambios sociales que se suceden, las clases dominadas integradas por indígenas y negros, continúan en la misma situación. En Perù luego de la instalación de la República, el indígena sigue sometido al régimen feudal que sólo ha cambiado de clase dominante, pero la tierra, el bien que les es esencial, sigue en manos de otros, y con ello el gamonalismo y la servidumbre. En Brasil Fernandes analiza como la revolución burguesa y la abolición perjudican al negro, siendo desplazado por el inmigrante, quien lo despoja de las ya pocas oportunidades que tenía. Ambos autores tienen la capacidad para detectar como, en aras del beneficio económico de la clase dominante, se despoja a los sometidos de  su cultura, logrando que a través del desprecio por todo lo que no provenga del mundo blanco, los propios indígenas y negros desean asimilarse a quien los explota. Mariátegui y Fernandes proponen la unión y la concientización para lograr cambios y construir una salida socialista. Ambos autores tuvieron la capacidad de aportar elementos para construir una identidad latinoamericana pensada por nosotros mismos, lograron hacer visibles a los invisibles.

Bibliografía

-Altamirano, C. (2010). Historia de los intelectuales en América Latina II.

Buenos Aires. Katz editores.

-Bergel, M. (2012). Clases varias. Buenos Aires. CLACSO.

Fernandes, F. (2008). La persistencia del pasado. Bogotá: CLACSO.

-Fernandes, F. (2008). Patrones de dominación externa en América latina. Bogotá: CLACSO.

-Fernandes, H. (2008). Florestan Fernades, un sociologo socialista. Bogotá: CLACSO.

-Fernandes, F. (2008). Tiago Marques Aipobureu. Un bororo marginado. Bogotá: CLACSO.

-Mariátegui, J. C. (2010). La tarea americana. Buenos Aires: CLACSO.

-Martí, J. (2010) Nuestra América. Buenos Aires. CLACSO.

-SSA de la IC. (1929) El movimiento revolucionario Latinoamericano. Versiones de la Primera Conferencia Comunista Latino Americana, Junio de 1929, Buenos Aires, La Correspondencia Sudamericana, pp. 261 –317

Web grafía

-Mariátegui, J.C. (1969) Ideología y política. Amauta.  Disponible en http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/mariategui_jc/s/Tomo13.pdf

-Biografías, disponible en http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mariategui.htm

 

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