La sociedad capitalista y sus estrategias. Publicado en “La otra voz”

LA SOCIEDAD CAPITALISTA Y SUS ESTRATEGIAS (primera parte)

El sistema capitalista en que vivimos se asemeja a un ser vivo que muta y crea nuevos dispositivos para extenderse y multiplicarse. Este sistema tiene un sustento ideológico en que se basa y que logra transmitir como las ideas socialmente aceptadas. Es interesante observar algunos de los cambios que a lo largo de la historia ha tenido para mantenerse vigente, aunque sus preceptos básicos se han mantenido inalterables, como el afán de lucro, la jerarquización de la propiedad privada y la acción individual, el estímulo de la competencia ocasionando la supervivencia del más apto y la regulación del mercado por la ley de la oferta y demanda.

En el inicio del capitalismo, con la primera revolución industrial, los avances tecnológicos aceleran y masifican las formas de producción, las fábricas desplazan a los artesanos manufactureros, quienes, en busca de subsistencia, se trasladan a las incipientes ciudades para trabajar como obreros. Dejan de vivir en la campiña, siendo los dueños de su trabajo para vivir  en las ciudades fabriles obligados a ser un pequeño eslabón en la escala productiva. Pierden así el amor por su arte manufacturero para convertirse en engranajes automatizados. Werner Sombart es brillante cuando afirma: “el nuevo régimen fabril necesitaba sólo partes de seres humanos: pequeños engranajes sin alma integrados a un mecanismo más complejo. Se estaba librando una batalla contra las demás partes humanas ya inútiles: intereses y ambiciones carentes de importancia para el esfuerzo productivo que interferían innecesariamente con las que participaban de la producción. La imposición de la ética del trabajo (fabril) implicaba la renuncia a la libertad”

En función de obtener más ganancias y reducir costos se cometieron infinidad de prácticas cruentas hacia los más débiles, los niños y las mujeres fueron empleados en las fábricas en condiciones infrahumanas. Las familias vivían tan miserablemente que los niños debían trabajar para aportar al sustento familiar. Comenzaban con 3 o 4 años en todo tipo de tareas, la situación de los huérfanos o asilados en orfanatos era peor, eran vendidos a los dueños de las fábricas, obligados a trabajar sin sueldo. Los niños eran frecuentemente empleados en las minas, en donde arrastraban pesadas vagonetas llenas de carbón,  debían pasar en la oscuridad de los túneles durante 12 horas, inhalando gases tóxicos, lo que les generaba cáncer y otras enfermedades. También se los empleaba en las fábricas, con extensas jornadas de trabajo que rondaban las 14 horas, con apenas media hora de descanso, debían trabajar en máquinas peligrosas sin ninguna seguridad, era frecuente la amputación de miembros y el despido de los heridos para ser inmediatamente suplantados por otro obrero, porque lo importante era que la producción no se detuviera. Los que trabajaban en fábricas de fósforos, desarrollaron frecuentemente fosfonecrosis, una enfermedad muy dolorosa, que causaba graves daños cerebrales y desfiguraba al paciente. También era peligroso el trabajo en las fábricas de vidrio. Con frecuencia, los empleados sufrían importantes quemaduras o quedaban ciegos Los números indican que en el siglo XIX, Inglaterra tenía más de un millón de niños trabajadores, que representaban el 15% de la fuerza laboral total. La esperanza de vida a mediados de 1830 rondaba los 29 años.

Uno se pregunta ¿Cómo la sociedad del momento podía ser indiferente ante tantas atrocidades? La respuesta está en que los pobres eran considerados una sub especie humana, que no tenía los mismos derechos que la clase dominante. Aquí comparto un fragmento de 1729 bastante ilustrativo, realizado en forma irónica por Jonathan Swift, en su crítica a la sociedad inglesa y su relación con los pobres:

“La masacre de los inocentes: Para los que se pasean por esta gran ciudad, es un triste espectáculo el que ofrecen las calles, los caminos o la entrada a las chozas llenas de mendigas, seguida cada una de ellas por … niños andrajosos, que importunan al caminante pidiéndole limosna.  En vez de poderse ganar la vida honestamente trabajando, estas madres de familia se ven obligadas a vagar y mendigar para subvenir a las necesidades de sus hijos…Todos los interesados estarán de acuerdo en que este número enorme de niños en los brazos de su madre…agrava considerablemente la situación del reino y también que en que quien pudiera encontrar una manera equitativa, fácil y poco onerosa de hacer que esos niños resulten útiles a la colectividad merecería por el servicio prestado, que se le levantara una estatua…Quiero exponerles mis ideas y espero que estás no merezcan la menor objeción…Un norteamericano muy ilustrado que conocí en Londres me ha dado la seguridad de que un niño pequeño, si está bien alimentado, tiene, al año de edad, la carne más delicada, la más nutritiva y la más sana que se pueda pedir, se la ase a la parrilla o al horno, y se la hierva o se la cueza a fuego lento, y no dudo que se la puede preparar igualmente en un guisado. Propongo humildemente al público, que de esos niños…100.000 podrían ser vendidos en todo el reino a la edad de un año, a la gente de medios y de clase. Y no habría de olvidarse de aconsejar a las madres que den de mamar al niño el último mes para tenerlo bien gordo y rozagante y hacerlo digno de una buena mesa… querría también que a los políticos que no les gustara la idea y que se permitieran refutarla empezaran por preguntar a los padres de esos jóvenes mortales si no considerarían actualmente una gran suerte por haber sido vendidos al año de edad en la forma que preconizo, lo cual habría evitado la interminable serie de desgracias que han sufrido desde entonces, exprimidos por los que tienen una hipoteca sobre su casa o incapaces de pagar el alquiler por falta de recurso o de trabajo, no teniendo con que alimentarse, sin techo, sin ropa para protegerse de la intemperie y con ineluctable perspectiva de transmitir a sus descendientes miserias análogas, cuando no mayores, por toda la eternidad.”

Gertrude Himmelfarb, en su gran estudio sobre la pobreza aporta: “Los mendigos, como las ratas, podían efectivamente ser eliminados con ese método; al menos, uno podía apartarlos de su vista. Sólo hacía falta decidirse a tratarlos como ratas, partiendo del supuesto de que “los pobres y desdichados están aquí sólo como una molestia a la que hay que limpiar hasta ponerle fin”

¿Qué ideología puede sustentar este sistema? ¿Qué valores puede imperar en una sociedad así? Los del sistema capitalista, que desde sus inicios justifica estas realidades en aras del “progreso” y el “desarrollo” tecnológico, o debería decir en aras de beneficiar a una élite.

La sociedad capitalista, desde sus inicios,  se fundamenta en una ética que lo nutre y regenera, según Weber en su texto “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, son las creencias de los creyentes protestantes quienes dan el fundamento al capitalismo primario. Los nuevos valores que trae el protestantismo son: el ahorro, la disciplina y la conciencia profesional. “El contexto favorable para esta evolución de los valores es el de la Reforma Protestante (siglo XVI). Para Max Weber, la ética del oficio viene del luteranismo que anima a cada creyente a seguir su vocación, y que hace del éxito profesional un signo de elección divina. En efecto, los creyentes ordinarios…intentan ardientemente encontrar en su vida privada los signos de esta predestinación, como el éxito profesional, con el fin de atenuar su angustia enfrente de la muerte y frente del juicio que la sigue.”

Se comienza a construir la idea que el éxito económico es un favor divino, premio al esfuerzo y la constricción abnegada al trabajo. Los valores impuestos por la iglesia católica, como la vida terrenal virtuosa para ser recompensada luego con la salvación eterna, se ven paulatinamente sustituidos por la convicción de que es en ésta vida en dónde se debe vivir plenamente, es mi éxito actual el que ilustra del favor divino, algo así como: “si soy exitoso es porque Dios me ha dado su reconocimiento” la clave para lograr ese éxito se encuentra en el trabajo abnegado, que garantizará la prosperidad económica. Los pobres son quienes no han logrado (por haraganería o incapacidad) el favor divino y por eso son despreciados socialmente.

Esta lógica que defiende el capitalismo, nos llega hasta nuestros días, tema que abordaremos en nuestro próximo encuentro.

EL CAPITALISMO Y SUS ESTRATEGIAS (segunda parte)

                        “El significado real de nuestras vidas deberá estar expresado                         en términos de consumo. Deberá crecer la presión sobre los  individuos por conseguir seguridad  y aceptación según los  estándares sociales, lo que hará que tienda a expresar  sus aspiraciones y su individualidad en términos de lo que viste,  lo que maneja, lo que come, su casa, su auto, su patrón de alimentación, sus hobbies”. Víctor Lebow, 1955.

En nuestro anterior encuentro comentamos algunas características del capitalismo inicial del siglo XIX. Hoy trataremos de identificar al capitalismo actual, este sistema en el que desarrollamos nuestra vida cotidiana.

En el siglo XXI hemos logrado un gran desarrollo tecnológico, visitamos el espacio y día a día se crean nuevas invenciones, a pesar de ello la humanidad ha retrocedido, ha involucionado, algunas cifras pueden ser bastante ilustrativas:

-la producción mundial bastaría para alimentar a 12.000 millones de seres humanos (casi el doble de población actual). A pesar de esta abundancia:

-1 niño, menor de 10 años, muere de hambre cada 5 segundos.

-100.000 personas mueren de hambre todos los días.

-218 a 400 millones de niños son obligados a trabajar en el mundo.

Es evidente que la injusticia se genera en la distribución de los recursos, como ejemplo otro dato: 500 multinacionales controlan el 52 % del producto mundial. Existe una terrible concentración de la riqueza, el poder está en manos de unos pocos mientras la gran mayoría de la población no tiene acceso a bienes básicos como el agua, el alimento y el abrigo. Los mayores perjudicados son los niños, existe un proceso de infantilización de la pobreza.

Estos datos nos muestran que el capitalismo ha triunfado y sigue mutando y desarrollando nuevas estrategias para crecer e implantarse en todo el mundo.

Ante esta realidad uno se pregunta: ¿cómo hemos llegado a construir un mundo tan injusto?, ¿cómo podemos ser indiferentes ante tanto dolor?, ¿para qué tanto desarrollo sino somos capaces de proteger a los más  débiles? Y las respuestas conducen a un mismo tema: vivimos en un mundo determinado por el “killer capitalismo”, el sistema económico más injusto y violento creado en toda la historia de la humanidad. Nunca hemos estado tan deshumanizados como en este tiempo en que vivimos.

¿Cómo llegamos a esto? En el encuentro anterior mencionábamos a la producción industrial como clave para el capitalismo incipiente, actualmente hemos pasado de ser una sociedad de productores a una sociedad de consumidores. Nuestra identidad está signada por lo que somos capaces de consumir, ya no importa como somos sino que, la afirmación es: “somos si podemos comprar”, existimos si tenemos capacidad de compra.  Lo importante es “tener” y ya no “ser”.

Una investigación realizada por la Dra. Annie Leonard (la historia de las cosas), analiza cómo funciona nuestro mundo en la actualidad. En ese trabajo la Dra. evidencia cómo nos han convertido en consumidores, y quienes son los que diseñaron este mundo en que vivimos. Inocentemente tendemos a creer que vivimos de acuerdo a nuestras decisiones, en realidad vivimos en un mundo ideado y planificado por los poderosos. Revisando un poco de historia vemos que ya en la crisis de 1929 en EE. UU., varios empresarios trataban de encontrar soluciones que reactivaran la economía, entre ellos un comerciante llamado Bernard London en 1932 escribe un libro titulado “Acabar con la depresión a través de la Obsolescencia Programada”. En este libro propone una fórmula para generar  un crecimiento de la economía que fuera continuo y estable. London asegura que sólo mediante la obsolescencia programada (mal funcionamiento proyectado) de los bienes y servicios que produzcan, “podemos garantizar que la maquinaria fabril siga en funcionamiento y, con ella, la sociedad de consumo”. London culpabiliza de la depresión económica mundial a los consumidores que desobedecen “la ley de caducidad” usando “sus coches viejos, radios viejas y ropa vieja mucho más de lo que los estadistas habían esperado”. Este planteo lo volvemos a encontrar luego de la segunda guerra mundial en EE. UU., por Víctor Lebow (1955) “Nuestra economía altamente productiva, requiere que hagamos del consumo nuestro modo de vida; que convirtamos en un ritual la compra y uso de las mercancías, que busquemos nuestra satisfacción espiritual y la satisfacción de nuestro ego en el consumo. Necesitamos que las cosas se consuman, quemen, reemplacen, desechen a un ritmo cada vez mayor”.

Estos planteos han creado el mundo en que vivimos, el cual está orientado al consumo, para lograr que nos convirtiéramos en consumistas y desecháramos productos perfectamente útiles idearon un mundo regido por dos principios básicos, ellos son:

obsolescencia programada: este término significa que un producto es diseñado para reducir su vida útil lo antes posible, garantizando así que el consumidor deba comprar otro. O sea que son productos “diseñados para la basura”. Es evidente que en el mundo en que vivimos los productos tienen una vida útil menor a las generaciones anteriores. Es que han sido diseñados así, un ejemplo claro lo tenemos con las lamparitas eléctricas que fue creada en 1879 por Edison, era el deseo de los ingenieros que las lamparitas duraran el mayor tiempo posible, en 1881 se creó una que duraba 1.500 horas, en 1924 otra de 2.500 horas. Pero en 1928 una revista empresarial advierte que, si existía un artículo  que no se rompía era “una tragedia para los negocios”, entonces el cartel (unión de empresarios) Phoebus presionó para que las lamparitas tuvieran un menor tiempo de uso, garantizando la compra constante. Existe aún una lamparita de esa época que ya ha cumplido 100 años ininterrumpidos de uso y que se encuentra en una estación de bomberos en EE.UU.
Este principio es también evidente en artículos como las impresoras, las cuales tienen un contador de hojas impresas que cuando llega a un determinado número de copias se tranca y nos obliga a  comprar otra.

Esta continua y excesiva cantidad de productos adquiridos y desechados genera gran cantidad de basura que los países poderosos envían a los más pobres, especialmente a África.

“Diversos informes estiman que la generación mundial de residuos electrónicos alcanza los 50 millones de toneladas cada año,… aunque se calcula que para el 2020 se generen cerca de 100 millones. El 75% de esa basura electrónica generada en los países desarrollados va destinada a los países menos desarrollados. En el caso de Europa, la mayoría de los residuos electrónicos termina en vertederos de Nigeria o Ghana, aunque Egipto, Pakistán, China e India, también forman parte de la ruta de la llamada “e-basura” europea. Ghana, por ejemplo, recibe el equivalente a 400.000 monitores de ordenador cada mes.”

Para que estos envíos sean “bien vistos”, los países europeos envían su basura con la etiqueta de “mercancía de segunda mano”, con el objetivo de reducir la brecha digital, una “ayuda” de los países poderosos hacia los más pobres.

obsolescencia percibida: La obsolescencia percibida se define como  “el deseo del consumidor de poseer una cosa un poco más nueva, un poco mejor y un poco antes de que sea necesario”.  Es entonces cuando entra a jugar la publicidad. El objetivo es seducir al consumidor para que sienta la “necesidad” de poseer el último modelo, aunque sus nuevas características no impliquen ninguna mejora. Esto es muy evidente en la moda, que temporada a temporada cambia para obligarnos a comprar las últimas tendencias y así mostrar al resto de la sociedad que somos dignos de ser aceptados. Usar un modelo anterior pone en evidencia que el  consumidor no adquirió el producto nuevo, y por tanto, de acuerdo a los valores imperantes en una sociedad consumista, puede ser un indicador de que no tiene recursos suficientes, lo cual lo coloca en una escala inferior.

Ante esta realidad en que vivimos nos preguntamos: ¿qué hacer? ¿Continuar alimentando la gran máquina del consumo?, ¿seguir generando dolor e injusticia con nuestra indiferencia?. Creemos que no, la opción es no resignarse, es luchar para combatir la indiferencia, es resistir. Elegimos las palabras de un grande, Ernesto Sábato,  para responder: “En esta tarea lo primordial es negarse. Defender, como lo han hecho heroicamente los pueblos ocupados, la tradición que nos dice cuánto de sagrado tiene el hombre. No permitir que se nos desperdicie la gracia de los pequeños momentos de libertad que podemos gozar: una mesa compartida con gente que queremos, una caminata entre los árboles, la gratitud de un abrazo… La salvación del hombre, está en el amor: «el ser humano […] sólo se salvará si pone su vida en riesgo por el otro hombre, por su prójimo, o su vecino, o el chico abandonado en el frío de la calle…, nos salvaremos por los afectos

Referencias: http://laredinformacion.es/content/dise%C3%B1ados-para-ser-desechados

 

Pidiendo perdón a los niños viejos. Publicado en “La otra voz”

Pidiendo perdón a los niños viejos

Estamos viviendo un conflicto sangriento en Gaza, muchos inocentes han muerto, mujeres, niños y niñas que no olvidarán nunca el horror vivido. Muchos de ellos han visto morir a sus padres, volar en pedazos a sus seres amados, perder su hogar, su tierra, su identidad. Los que sobrevivan físicamente, habrán muerto interiormente, porque tendrán la muerte dentro de sí, nunca más serán niños, el horror matará su inocencia, su ilusión, su risa, por mucho tiempo. Serán viejos en cuerpos niños, viejos con ojos apagados, con sueños rotos, viejos que llorarán por los abrazos ausentes, por la caricia materna que ya no tendrán, por los sueños muertos que ya no podrán soñar.

Esos viejos en cuerpos niños escucharán por mucho tiempo los ruidos de la muerte en el silencio de sus noches, recordarán toda su vieja vida las imágenes del horror, la sangre derramada de sus seres amados manchará sus manos, sus ropas, indeleble. Pobres viejos niños, les han matado porqué algunos creen tener derecho para hacerlo, deberán continuar su vida viviendo con la muerte dentro y escuchando los discursos de los que argumentan justificaciones para legitimar el horror que han vivido. Vivir muriendo en un mundo asesino, en un mundo de indiferentes, en un mundo de verdugos de cuello blanco y cuentas bancarias en Suiza.

¿Alguien podrá explicarles a los niños viejos porque han matado a su pueblo? ¿Alguien podrá justificar la indiferencia mundial, ante tanto horror? ¿Alguien podría explicarles porque están siendo obligados a abandonar lo que aman, lo que los ha hecho ser lo que son, porqué su cultura está siendo exterminada? Nunca existirá una sola razón que justifique esta atrocidad. ¿Acaso tiene lógica el sufrimiento? Muchos analistas intentan construir argumentos que legitimen este horror. ¿Podrían hacer lo mismo si fueran sus hijos los que estuvieran en el lugar de los niños y niñas palestinos?, ¿Sería tan sencillo justificar la masacre, encontrar razones que maquillen el asesinato?, ¿Si fueran los gritos de sus hijos los que resonarán en sus oídos, podrían decir lo que dicen? …

Las organizaciones internacionales, como la O.N.U., se han dedicado a informar el número de muertos, como si esa fuera su misión, creo que hace mucho tiempo que deberían haberse cambiado el nombre. En realidad creo que la O.N.U. nunca fue la Organización de las Naciones Unidas, en los distintos conflictos que ha tenido nuestro mundo ha estado siempre del lado de los poderosos, es indiferente a los reclamos de las víctimas, siempre que éstas sean de países “subdesarrollados”. Qué tristeza produce tanta hipocresía, la muerte de los pobres es sólo una cifra, un número que engrosa frías estadísticas, mientras las vidas de los que dominan el mundo siguen ocupándose de exterminar lo que no convenga a sus intereses.

A veces me pregunto ¿cómo será el momento final de estos seres? Ese momento en que se avecina la muerte y durante instantes vemos pasar toda nuestra vida frente a nuestros ojos, ¿sentirán remordimiento por todo el dolor que han generado?, ¿verán los ojos acusadores de los que han matado?, ¿tomarán conciencia de que han vivido equivocados?

Mientras escribo estas líneas pienso en el horror, el miedo, la angustia que están viviendo los niños y niñas en Palestina, en sus noches desveladas temiendo que todo vuele en pedazos, en la actitud alerta aguzando el oído tratando de adivinar el silbido del explosivo que al caer, se llevará sus vidas y las de sus seres queridos con los escombros y… me duele estar aquí, en este mundo indiferente. Escucho los ruidos de la noche, las voces de la gente disfrutando del feriado, los autos que con la música alta pasean en nuestra ciudad y realmente me apena vivir en este mundo. Siento vergüenza de la raza humana a la que pertenezco, del tiempo que estoy viviendo, quisiera pedirles perdón por lo que les estamos haciendo con nuestra inacción, quisiera tomar sus manitos en las mías y salvarlos del horror, quisiera decirles que nada de lo vivido fue realidad, que sólo fue un sueño, que aún tienen a sus padres, que aún están en su tierra, que aún son niños y que nunca serán… los pobres niños viejos…

La inmadurez ciudadana. Publicado en “La otra voz”

La inmadurez ciudadana

En tiempos de elecciones se visualizan con mayor claridad los deberes ciudadanos, los cuales la mayoría de la población no conoce. Los que sí han adquirido mayor difusión son los derechos ciudadanos, pero no conocer su contrapartida implica un ataque al cumplimiento de los derechos. Deberes y derechos son las dos caras de la misma moneda, para que se ejerzan plenamente unos, se deben observar los otros.

Si preguntamos a la ciudadanía en general cuáles son sus deberes, la mayoría responde “votar”, sin considerar que para poder ejercer a conciencia el voto es necesario previamente una actitud socialmente comprometida, que permita conocer y comprender la realidad social en que se vive. Para lograr esta comprensión es requisito previo informarse, interesarse en lo que ocurre en nuestra sociedad, conocer las diferentes opiniones sobre los temas que atañen al bienestar social. Estar informado es el primer deber ciudadano, es el paso inicial para toda actividad social. Ahora ¿qué implica estar informado?, ¿estoy informado simplemente por el hecho de escuchar algún informativo ocasionalmente?, ¿estoy informado si escucho solamente a los que piensan igual a mi? Muchas podrían ser las respuestas, pero existe una cuestión que es clara, el informativo o la prensa escrita no es objetiva, responden a creencias, intencionalidades, a intereses políticos, económicos, y es lógico que así sea. Las personas no son seres imparciales, tienen vivencias que van pautando sus inclinaciones ideológicas, creer que un ser humano puede ser neutro es no comprender la complejidad y riqueza de la vivencia humana. Entonces si existen diferentes posicionamientos en los individuos debemos saber que los medios informativos responden a las inclinaciones que ellos tienen. Construir una emisión televisiva, radial o escrita implica realizar un recorte de la realidad, ese recorte responderá a las inclinaciones que tenga quien realiza el programa. Por tanto, para estar informado deberíamos escuchar las diferentes campanas que existen en nuestra sociedad, no creer que con mirar un informativo basta, porque esa emisión sólo nos estará dando una visión de los hechos.

Estar informado implica no solamente escuchar y leer lo que los medios emiten, sino conocer de primera mano la realidad en que vivimos. Recorrer los barrios en que existen mayores carencias, escuchar las opiniones del usuario de los diferentes servicios públicos, conocer que cuestiones tiene que resolver diariamente para subsistir un ciudadano en Uruguay.  Esta es una tarea que requiere compromiso y dedicación, lamentablemente nuestra sociedad se caracteriza por la falta de participación, los vecinos ya no concurren a comisiones para mejorar el barrio, los padres ya no tiene tiempo para asistir a las reuniones de las comisiones fomento y los ciudadanos ya no están interesados en ejercer su ciudadanía. Estamos atravesando una etapa de inmadurez ciudadana, delegamos nuestro poder en el informativista que nos da su versión, en el político que tenga la campaña más simpática y así vamos regalando nuestras cuotas de poder. No deseamos ser adultos, somos eternos adolescentes que responsabilizamos a los “otros” de nuestra inmadurez. La ciudad está sucia no porque nosotros la ensuciemos sino porque los funcionarios no limpian, existen problemas de violencia doméstica pero yo no me meto cuando escucho los gritos, los niños son abusados sexualmente pero no denuncio cuando me entero, me quejo de la corrupción pero no me pidan que cumpla con mis deberes, son infinitos los ejemplos…Somos eternos quejosos de situaciones y responsabilidades que no queremos asumir.

En la sociedad en que vivimos nos caracterizamos por no tener tiempo, estamos siempre corriendo, priorizando actividades que nos den rédito económico, “algo vale la pena si da dinero”. Las actividades intelectuales han pasado a un segundo plano, no hay tiempo para leer o estar realmente informado, es “aburrido” escuchar las diferentes campanas, requiere dedicación y tiempo que no estamos dispuestos a dar. Consideramos que no es placentero leer los programas de los partidos políticos, ni sus propuestas en detalle (una información alerta de que sólo el 5% de la ciudadanía ha leído los programas de los partidos políticos para estas elecciones) Preferimos mirar en la “tele” algún programa banal, para distraernos de nuestra tarea diaria. Generalmente no nos ponemos a pensar que esta actitud de irresponsabilidad nos puede acarrear nefastas consecuencias. No disponemos tiempo para informarnos de lo que en realidad decide nuestras vidas. ¿Cuántos ciudadanos saben que leyes aprobaron los candidatos que ellos mismos votaron? Si los pusimos como representantes del pueblo, a través de nuestro voto ¿Por qué luego no nos interesa informarnos acerca de su labor? Al votarlos les dimos una gran cuota de poder ¿no tendríamos que pedirles cuentas?

Al no estar realmente informados y guiarnos sólo por campañas que apelan a la emotividad o a la simpatía del candidato estamos hipotecando nuestro futuro. No realizar un voto a conciencia, con la mayor cantidad de información posible y luego de analizar las propuestas puede generar perjuicios económicos y sociales nefastos.

Visualizar nuestra cuota de responsabilidad y hacernos cargo de lo que vivimos implicaría un intento de madurez, ser adolescentes eternos que culpabilizamos a los “otros” de la situación que vivimos que no conducirá a mejorar nuestra sociedad. Tal vez deberíamos preguntarnos más seguido ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta situación social? La seguridad, la educación y toda situación social es también mi responsabilidad como ciudadano, cuando veo a un niño en la calle y no me intereso por él, debo saber que ese niño tiene más probabilidades de ser un futuro delincuente, porque la violencia que la sociedad ejerce sobre él lo irá moldeando en su lenguaje, no atender al infancia es generar violencia futura, cumplir con nuestra cuota de responsabilidad adulta y ser una figura de referencia ante los niños y jóvenes de nuestra ciudad es una tarea que no estamos cumpliendo, pero luego nos quejamos por las consecuencias de nuestras omisiones.

Desde estas líneas la invitación es a reflexionar sobre el cumplimiento de nuestros deberes ciudadanos, de concientización acerca de nuestras responsabilidades (término que etimológicamente significa “capacidad de dar respuestas a las situaciones que nos toca vivir”), porque si no lo hacemos las consecuencias no se harán esperar. Concurramos a la Junta, preguntemos a nuestros representantes que han hecho con el poder que les hemos dado, es necesario que nos informemos acerca de la labor que han realizado quienes elegimos. Sólo así podremos contar con la conciencia tranquila al saber que estamos siendo ciudadanos comprometidos, sea cual sea la opción política que tomemos habremos cumplido con nuestros deber para construir una mejor forma de gobierno. Nuestras decisiones valen.

La fábrica de mentiras. Publicado en “La otra voz”

“En mi profesión nadie desea vuestra felicidad porque la gente feliz no consume”

Fréderic Beigbeder, un publicista disidente

La fábrica de mentiras

Mirando la tele, caminado por la calle o realizando actividades cotidianas estamos siendo bombardeados con la más poderosa herramienta que tienen las industrias para convencernos de comprar sus productos: la publicidad.

La diversidad de oferta que tienen para vendernos es amplísima desde un auto, un producto de belleza, hasta un candidato político, todos son productos creados para nuestro consumo. Estas creaciones se generan basadas en estudios de mercado que intentan descubrir que pensamos, que sentimos y todo detalle que les ayude a convencernos. Los mejores profesionales están puestos al servicio de la creación de esas publicidades, psicólogos, sociólogos y asesores de toda índole ponen su sapiencia para engañarnos. Se idean estrategias para convencernos de que si no tenemos su producto no seremos felices, porque eso lo que en realidad nos quieren vender: la felicidad, encarnada en un auto despampanante, en un frasco de perfume o en una bebida gaseosa.

El idioma de la publicidad es comprendido por todos, hasta por los más pequeños, desde que nacen los niños son sometidos a muchas horas de publicidades que influyen su forma de ver el mundo.  “Antes de alcanzar la edad de doce años, un niño habrá visto, en Francia, unos cien mil anuncios que, subrepticiamente, van a contribuirle a hacerle interiorizar las norma ideológicas dominantes. Y enseñarle criterios consensuales de lo bello, el bien, lo justo y lo verdadero; es decir, los cuatro valores morales sobre los cuales se edificará para siempre su visión moral y estética del mundo.” Chomsky

“Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra” Galeano

Las publicidades nos seducen con imágenes, de modelos apuestos, sonrientes, exitosos que al son de una agradable melodía nos demuestran que felices llegaremos a ser si adquirimos su producto. Nunca nos cuentan que la gaseosa es potencialmente cancerígena, que el perfume no nos hará atractivos y que el auto no nos garantiza  éxito social. Ningún producto nos dará compañía, ni nos consolará cuando lo necesitemos, pero la publicidad nos hace creer lo contrario.

“Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social… La publicidad no informa sobre el producto que vende…” Galeano

La publicidad nos hipnotiza, como el flautista de Hamelin, y no sólo nos vende productos que generalmente no necesitamos sino que crea un mundo. Ese mundo está regido por las reglas y valores de los dueños de la humanidad, las multinacionales son quienes financian la mayor cantidad de productos y por ende de publicidades que consumimos, en ese mundo la regla máxima es el afán de lucro, porque es un mundo capitalista. Al ser hipnotizados no sólo estamos comprando lo que nos quieren vender, sino que adquirimos los valores, la forma de concebir el mundo que nuestra compra implica.

La publicidad es también una herramienta de transmisión ideológica… “los anuncios tienen una influencia determinante en la transmisión cultural de valores y de actitudes, en la educación ética y estética de la ciudadanía y en la globalización de los estilos de vida y de las formas de percibir el mundo en nuestras sociedades…”.Uno de los valores que se difunde a través de las publicidades resalta lo externo, lo importante es “verse bien”,  estar a “la moda”, ser atractivo físicamente. Promete que si somos hermosos atraeremos al sexo opuesto, tendremos pareja, seremos queridos lo cual, es una necesidad vital para todos. Es difícil resistirse a esas publicidades porque atañen a las necesidades básicas de todo ser humano, una de ellas es ser aceptados por nuestro grupo, el afán de pertenencia, por ello estamos dispuestos a comprar la crema que promete hacernos “bellas” para atraer pareja, o el auto que nos brindará una apariencia de éxito para que todos nos admiren y deseen ser nuestros amigos

“En los anuncios no sólo se venden objetos sino que también se construye la identidad sociocultural de los sujetos y se estimulan maneras concretas de entender y de hacer el mundo, se fomentan o silencian ideologías, se persuade a las personas de la utilidad de ciertos hábitos y de ciertas conductas y se vende un oasis de ensueño, de euforia y de perfección en el que se proclama el intenso placer que produce la adquisición y el disfrute de los objetos y la ostentación de las marcas” (Lomas, 2002).

La publicidad crea un mundo perfecto, en el que no existe el dolor, la fealdad ni la tristeza, una gran ilusión en la que todos queremos habitar. Para hacerlo trabajaremos incansablemente, abandonaremos nuestras familias y afectos para obtener el dinero que nos permita vivir en el mundo perfecto, pero lo que en realidad esconde ese conjunto de fantasías es la insatisfacción, el vacío de vivir en un mundo en el que cada vez estamos más solos porque nos estamos olvidando de lo realmente importante, de cómo relacionarnos, de reconocernos como seres humanos.

Un ex-publicista francés Fréderic Beigbeder, nos brinda su testimonio:

“Soy publicista: eso es, contamino el universo. Soy el tío que os vende mierda. Que os hace soñar con esas cosas que nunca tendréis. Cielo eternamente azul, tías que nunca son feas, una felicidad perfecta, retocada con el Photoshop. Imágenes relamidas, músicas pegadizas. Cuando, a fuerza de ahorrar, logréis comprar el coche de vuestros sueños, el que lancé en mi última campaña, yo ya habré conseguido que esté pasado de moda. Os llevo tres temporadas de ventaja, y siempre me las apaño para que os sintáis frustrados. El Glamour es el país al que nunca se consigue llegar. Os drogo con novedad, y la ventaja de lo nuevo es que nunca lo es durante mucho tiempo. Siempre hay una nueva novedad para lograr que la anterior envejezca. Hacer que se os caiga la baba, ése es mi sacerdocio. En mi profesión nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume”.

¿Podemos hacer algo ante este bombardeo? ¿Podremos escapar de este mundo? Yo creo que sí, creo que los cambios sociales siempre dependen de la gente unida, consciente, generando resistencia frente a esta avanzada de consumismo. Formar a nuestros niños en un comportamiento que ostente otros valores, que se centre en construir vínculos cooperativos, que genere conciencia acerca de lo injusta que es este forma de vida, es una tarea ineludible. Esa formación sólo es posible a través del ejemplo, somos los adultos quienes educamos no con nuestras palabras, sino con nuestras acciones, por eso no creer en la “fábrica de mentiras” y consumir lo que necesitamos sin caer en la vorágine del consumismo, adoptando una actitud de responsabilidad social, podrá contribuir a ese cambio social que hoy es impostergable, como dice Galeano: “La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial.

 

Loa a los anormales. Publicado en “La otra voz”

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás”. Gandhi

Hace unos días ocurrió lo que los medios de comunicación masiva llamaron, la mayor masacre en EEUU desde los hechos del 11 de setiembre de 2001. Fueron asesinadas 49 personas en un club gay, otras tantas quedaron heridas. Este fue un crimen de odio, o sea, las víctimas fueron elegidas por una razón que los unía, en este caso su orientación sexual.

Muchas voces “políticamente correctas” se han alzado manifestando su repudio ante este hecho, no creo que muchas de ellas sean sinceras, por el contrario creo que nuestra sociedad esconde mucha violencia y disimula una profunda discriminación ante todo aquello que se aparte de lo “normal”.

Desde que nacemos la sociedad nos constriñe a adaptarnos a los cánones establecidos, encorsetándonos a reglas fijadas por quienes detentan el poder, ya sea económico, religioso o de otra índole. Ellos son quienes determinan como debemos ser. Así, la homosexualidad sigue siendo vista como una excepción, como algo fuera de lo normal, lo “natural” es que sean hombres con mujeres los que se relacionen amorosamente y constituyan una familia, la cual deberá formar a sus hijos en los valores dominantes y continuar reproduciendo las tradiciones aceptadas socialmente. Aún hoy se ve como una desgracia que un hijo “te salga” homosexual, los padres llegan a cuestionarse ¿en qué fallé? cuando esto ocurre.

Quienes optan por vivir plenamente su orientación sexual saben que esta decisión les acarreará mucho dolor, deberán soportar todo tipo de humillaciones en los distintos ámbitos en que desarrollan su vida cotidiana. Por eso muchos prefieren ocultarse, y seguir la farsa impuesta socialmente, consideran que el precio que deben pagar por mostrarse tal cual son es demasiado elevado. Es que aceptarse equivale a amarse y no todos tenemos el coraje como para hacerlo, desde pequeños nos enseñan que es más importante ser aceptados por los demás que por nosotros mismos, por eso, jugarse por lo que realmente somos es una decisión que pocos se atreven a tomar.

Hay que tener mucho valor para enfrentar los discursos dominantes en nuestra sociedad, en ella se privilegian las fachadas, las imágenes, el exterior, por eso muchas veces nos centramos en aparentar lo que no somos para que nos incluyan, para que nos traten como iguales, porque no nos amamos lo suficiente y tememos el dolor que nos produce no ser incluidos en la mayoría, todos queremos ser “normales”.

Al buscar el concepto de normalidad  encontramos: “es la cualidad o condición de normal (que se ajusta a las normas o que se halla en su estado natural). En un sentido general, la normalidad hace referencia a aquel o aquello que se ajusta a valores medios.” Lo que es “normal” varía en función del tiempo y el lugar, así condiciones denominadas como  anormales antes hoy son incluidas como normales, un ejemplo es la categoría de homosexuales, la cual era considerada una enfermedad psiquiátrica por la Organización Mundial de la Salud hasta  1990, fue recién en esa fecha que se tomó conciencia, por parte del mundo médico, que la identidad sexual es una opción. ¿Cuánta gente tuvo que sufrir y morir por su condición para llegar a ese momento? Y ¿Cuánto tiempo más deberemos esperar para que la discriminación hacia los homosexuales continúe generando dolor y muerte?

Al pensar en el concepto de normalidad uno se pregunta ¿acaso las personas pueden regirse por patrones como si fueran objetos?, ¿quién determina cual son los valores medios o normales?, ¿y si lo normal es la constante violación de los derechos  de otras personas, debemos apegarnos a ello para ser considerados normales?, ¿es negativo encontrarse fuera del grupo promedio?

Si ser “anormal” es estar por fuera del grupo promedio o de la mayoría en una sociedad tan enferma, que se dedica a matar… ¡Vivan los anormales! Es gracias a muchos de ellos que se han realizado descubrimientos, invenciones, cambios, que han mejorado el mundo. Me vienen a la mente muchos “anormales” que incidieron en  el mundo y ayudaron a infinidad de personas, por ejemplo: Jesús, Sócrates, Gandhi, Leonardo Da Vinci, Martín Luther King, entre ellos también hay varios homosexuales. Podríamos citar uno de los más recientes, el británico Alan Turing (23/6/1912-7/6/1954) matemático, lógico, criptógrafo, filósofo y maratonista, él es considerado un precursor de la informática moderna, gracias a su brillantez se decodificaron códigos nazis con lo cual colaboró en salvar muchas vidas. Su muerte es un claro ejemplo que demuestra la crueldad e hipocresía de nuestras sociedades, como en esa época la homosexualidad era considerada una patología, fue condenado por serlo y se le sometió a una terapia hormonal forzosa, lo que presumiblemente generó su suicidio, aunque algunas versiones afirman que lo asesinaron. Su genialidad fue cercenada por la crueldad de los “normales”, y así como su caso podríamos citar muchos otros ejemplos…

En definitiva, todos deberíamos tener derecho a vivir libremente y a aceptarnos tal cual como somos, reprimirnos y fingir para ser incluidos dentro de la mayoría es sólo una demostración más de que nuestra sociedad está muy enferma. En vez de priorizar el amarnos a nosotros mismos la sociedad nos enseña a fingir para ser incluidos dentro de lo que algunos determinan como “normales”. Desde estas líneas expreso mi reconocimiento a todos los “anormales” que se atreven a cuestionar las imposiciones sociales generadoras de discriminación, a las mujeres que luchan contra los estereotipos de género, a los homosexuales que luchan por vivir plenamente su opción, y a todos aquellos que colaboran en la construcción de una sociedad más humana.

 

El poder construye nuestra realidad. Prof. Sheila Tarde

El poder construye nuestra realidad

“El conocimiento que no se cuestiona se convierte en un obstáculo epistemológico” Camilloni

 

Solemos creer que somos libres y que nuestras decisiones son tomadas en función de los valores y creencias que elegimos. Estos valores y creencias, en realidad, se enmarcan en nuestro contexto social, el cual está determinado por el tiempo y lugar en que vivimos. Siempre me ha intrigado observar la diversidad humana, como a pesar de vivir en un mismo tiempo cada cultura construye una visión del mundo propia, una especie de estructura, de andamiaje, en el que se van construyendo creencias que determinan la “verdad” a la mayoría de ese grupo social. Es interesante analizar con una perspectiva histórica esta construcción para observar la fuerza con que nos condiciona el colectivo.

Retrotrayéndonos en el tiempo observamos como en la Edad Media el poder estaba en la Iglesia Católica, era ésta institución quien determinaba que era “bueno” y que “malo” por tanto tenían el poder sobre la vida y la muerte, incluso afirmaban tenerlo sobre la vida más allá de la muerte. En esa época más del 90% de la población vivía en la más absoluta miseria, el hambre era su compañía habitual, una hogaza de pan era atesorada como un bien precioso, de allí nace la súplica que forma parte de los rezos “danos el pan de cada día”. Sumado a esta miseria existía también un vacío en la educación, la cual era sólo para los hombres nobles que podían acceder a la carrera religiosa, sólo algunos monjes sabían leer y escribir, aunque sus lecturas estaban limitadas a algunos libros que eran los permitidos, una gran parte estaban prohibidos por el poder católico. En definitiva esta población era fácilmente manipulable y la capacidad de cuestionar era casi nula. Algunas de las “verdades” del momento medieval nos llaman especialmente la atención.

-En cuanto al conocimiento, se consideraba que la tierra era el centro del universo, la visible aparición del sol diariamente apoyaba esta creencia. Muchos incipientes científicos murieron cruelmente por pensar lo contrario, la iglesia torturaba y asesinaba a quien osara pensar diferente.

-Otra creencia que llevó a padecer horribles torturas, sobre todo a mujeres por su “natural inclinación a lo satánico”, fue la de existencias de las “brujas”, cualquiera podía ser acusada de serlo o de cometer herejías (actos contra la fe católica). Para lograr una rápida identificación y exterminio se creó el “Tribunal de la Inquisición” en 1184 en la zona del sur de Francia, fue la primera “policía del pensamiento” que luego se extendió a otros lugares de Europa y el mundo. Llama la atención los crueles tormentos con que se creía se iba lograr echar al diablo del cuerpo, desmembramiento, sacar los ojos de las órbitas, echar aceite hirviendo en partes sensibles, etc. todo este sufrimiento y agonía por acciones tan terribles como tener un gato negro o usar algunos yuyos para un té.  Incluso el reformador Lutero en el siglo XVI creía que había que exterminarlas:

“Es una ley muy justa que las brujas sean muertas, porque producen muchos daños, lo que ha sido ignorado hasta el presente, pueden robar leche, mantequilla y todo de una casa… Pueden encantar a niños… También pueden generar misteriosas enfermedades en la rodilla, que el cuerpo se consuma… Daños los producen al cuerpo y alma, dan pociones y encantamientos, para generar odio, amor, tormentas y destrozos en las casas, en el campo, que nadie puede curar… Las magas deben ser ajusticiadas, porque son ladronas, rompedoras de matrimonios, bandidos, asesinas… Dañan de muchas formas. Así que deben ser ajusticiadas, no sólo por los daños, sino también porque tratan con Satanás”

-En relación a la salud se determinó que el baño era nocivo para la salud, porque debilitaba el cuerpo y lo hacía más proclive a las enfermedades,

“…la Iglesia condenaba el baño por considerarlo un lujo innecesario y pecaminoso. La falta de higiene no era una costumbre exclusiva de los pobres, el rechazo por el agua llegaba a las esferas más altas de la sociedad. Las damas más entusiastas del aseo tomaban baño, cuando mucho, dos veces por año, y el propio monarca sólo lo hacía por prescripción médica y con las debidas precauciones.

Los baños, cuando tenían lugar, eran tomados en una tina enorme llena de agua caliente. El padre de la familia era el primero en tomarlo, luego lo otros hombres de la casa por orden de edad y después las mujeres, también por orden de edad. Al final llegaba en turno de los niños y bebés que incluso podían perderse dentro del agua sucia. “

Estas y muchas otras creencias constituían la “verdad” de ese momento, afirmaciones incuestionables que eran transmitidas a las generaciones futuras. Desde nuestro tiempo nos parecen insensateces, pero deberíamos preguntarnos ¿Cuáles son las verdades de nuestro tiempo? ¿Quiénes y porqué las instauran? Sin dudas en una sociedad capitalista como la nuestra, las “verdades” las construye el poder económico, con el objetivo de continuar reproduciendo ganancias hasta límites impensados. Dadas las características de nuestro tiempo la difusión de esas verdades se logra a través de los medios de comunicación, son ellos los encargados de construir nuestra “realidad”, generalmente estamos demasiado ocupados como para cuestionarla con lo cual se facilita la tarea de imposición de una determinada visión del mundo.

En interesante observar quienes son los dueños de los medios de comunicación a nivel mundial y nacional, porque ellos tienen el poder para determinar cuáles son las prioridades de nuestro tiempo, los valores que sustentan la mayoría de las personas de este mundo están en sus manos.

“Seis compañías judías poseen el 96% de los medios de comunicación del mundo… no es nada negativo ni despectivo el hecho de estar controlado o bajo el control de un judío. No hay nada malo en que empresarios judíos controlen nada. Lo que sí que es destacable es la enorme presencia que los judíos tienen en las grandes empresas. No se puede negar que cuando se es jefe de una empresa de telecomunicaciones, uno va a tener, lo quiera o no, mucho poder. Poder para manipular las noticias, poder para guiar el pensamiento de millones de ciudadanos, poder para influir en la política… etc. En definitiva, es curioso que en el mundo de las comunicaciones, el sector más influyente que existe, la mayoría de medios estén controlados por empresarios judíos, lo cual puede ayudar mucho a Israel en el conflicto que tiene en Oriente Medio… “La mayor corporación de medios a nivel mundial es el conglomerado The Walt Disney Company de la familia banquera judía Rothschild, y cuyo presidente y CEO, Robert Iger, es un judío. Esta corporación comúnmente llamada Disney, es una multinacional diversificada norteamericana que constituye el mayor imperio de medios de comunicación masivos del mundo. Este “monstruo del control” de masas, incluye varias compañías que parecen independientes e incluso fingen competir entre sí. Como por ejemplo, Walt Disney Picture Group, incluye Touchstone Pictures, Hollywood Pictures, Caravan Pictures y Miramax Films.

“La mejor manera de controlar a la oposición es siendo la oposición”…

La segunda corporación mundial más grande de medios de comunicación masivos y entretenimiento, anteriormente llamada AOL Time Warner, es Time Warner, propiedad de la familia banquera judía Rothschild…Time Warner también juega a financiar su propia oposición, siendo propietaria de la CNN, una cadena que muchos consideran “alternativa” y confiable por la presunta amistad entre Ted Turner y Fidel Castro. Y por financiar los documentales y películas de Michael Moore (a quien Alex Jones de Disney critica por su relación con Time Warner ¿Irónico no?)…

En América latina, en nuestros países hermanos, observamos que también los medios de comunicación se concentran en pocas manos:

El mercado de Brasil está dominado por unos pocos magnates y ricas familias.La industria televisiva está fundamentalmente repartida entre la familia Marinho (dueña de Rede Globo, que posee el 38,7% de cuota de mercado), Edir Macedo (Rede Record, 16,2%) y Silvio Santos (SBT, 13,4%).Los negocios de la familia Marinho también incluyen radio, diarios y revistas, sectores en los que compite con Roberto Civita, quien controla el Grupo Abril. Los Marinho y Civita acaparan el 60% del mercado de las revistas en Brasil…

En Argentina, la principal empresa de medios es el Grupo Clarín, cuyos intereses van desde la prensa escrita, hasta la TV por aire, pasando por el cable, la radio y la provisión de servicios de internet…

¿Y en Uruguay? Las mismas familias desde hace muchos años son los dueños de los principales medios de comunicación…

En definitiva, los medios de comunicación, mayoritariamente, están en manos del poder económico, de quienes dominan el mundo, pensemos ¿Qué realidad les interesará construir?… esta es una invitación a reflexionar acerca de las “verdades” que se difunden, una invitación a cuestionar, a buscar más allá de las apariencias…´porque sólo quien tiene la capacidad de cuestionar tiene la posibilidad de luchar por su libertad.

Referencias

http://eltrabajonoshacelibres.blogspot.com.uy/2012/08/la-pobreza-del-campesinado-en-la-edad.html

-http://www.diarioelnorte.com.ar/nota20567_supersticiones-en-la-edad-media-extranas-creencias-para-nuestra-epoca.html

-http://marcianosmx.com/extrema-falta-de-higiene-edad-media/

-https://psiquiatrianet.wordpress.com/2009/11/03/los-enfermos-mentales-en-la-edad-media/

https://www.google.com.uy/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwjHsZ7ZqoDLAhWFXh4KHfkpAaIQFggaMAA&url=http%3A%2F%2Fwww.cuadernosdecompa.com.uy%2Fcuadernos-de-companero%2F9-el-cuarto-poder%2F256-los-capitales-detras-de-los-medios-de-comunicacion.html&usg=AFQjCNGc3oUWXIlg79htB6Lc-Jm5KodqHQ&sig2=Ywz5Tx75LrNsbie5tvWI-Q

Seduciendo a los niño/as. Prof. Sheila Tarde

“…la verdad y, sobre todo, la persuasión, se hacen más  problemáticas cuando sus destinatarios tienen la  ingenuidad y la inmadurez de los pocos años” (Soria, 1999)

Seduciendo a los niño/as

Solemos escuchar que los niños son el futuro y que su bienestar es la principal preocupación de los adultos, o por lo menos de quienes son padres y madres. Ahora ¿cuánto podemos hacer realmente por nuestros niño/as?, muchos responderán que se desviven trabajando para que sus hijo/as tengan las comodidades necesarias que este mundo capitalista exige. Me pregunto, a pesar de todo el amor y entrega que implica trabajar para subvenir a las necesidades de los pequeños, ¿será eso lo realmente vital?

Sabemos que vivimos en un mundo capitalista, que los poderosos son quienes construyen nuestra realidad en función de sus intereses, lo que pensamos, sentimos y deseamos está influenciado por esa élite, por los “amos” del mundo. La globalización se ha encargado de expandir a cada rincón del mundo esa visión homogénea que construyen los dueños de los mayores capitales,  tanto es así que un turista podrá comer la misma hamburguesa Mac Donald acompañado por Coca Cola en Tanganika, París o Uruguay, esas multinacionales no solamente nos venden un producto sino que también representan una forma de vida, difunden una escala de valores que se centran en la capacidad de consumir y en valorar lo que se puede comprar. El principio rector de todas estas grandes empresas está en obtener la mayor ganancia posible, sin importar a que costo, para lograrlo contratan a los más avezados especialistas que estudian nuestras conductas y nuestras motivaciones tratando de descubrir de que manera somos más susceptibles a sus mensajes publicitarios.

Últimamente las publicidades de las multinacionales se han incrementado hacia nuestros niño/as, dado que las investigaciones han comprobado que los pequeños pasan cada vez más horas frente al televisor sin control de los adultos, lo que los convierte en un público más que apetecible para los publicitarios.

Clyde Miller, un estudioso de la persuasión publicitaria, explica cómo condicionar los reflejos de los niños. Es, según él, “una labor que lleva tiempo, pero que vale la pena si se piensa en los beneficios que pueden obtenerse al condicionar a millones de niños que algún día serán adultos dispuestos a comprar determinados productos” (Soria, 1999).

“En España los niños entre 4 y 12 años pasan un promedio de 2 horas y 38 min en el año 2006, un 11,2% más que en  2005…el tiempo que los menores dedican a ver la televisión ha crecido en Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido. Concretamente, en España, los niños de entre 4 y 14 años pasaron en 2011 de media sentados en frente de la televisión nueve minutos más que en 2009”

“En promedio, los adolescentes norteamericanos pasan unas 44,5 horas por semana frente a una pantalla … Esta cantidad de tiempo es en realidad mayor a la que se invierte en la escuela (30 horas) o la que se pasa con los padres (17 horas). Prácticamente todos los jóvenes norteamericanos (97%) utilizan videojuegos diariamente. 1 de cada 4 jóvenes informa jugar videojuegos por lo menos dos horas por día.”

“más del 90 por ciento de los niños de tres años, o sea una edad todavía preescolar, comienzan a pedir a sus padres los juguetes anunciados en televisión. Asimismo, experimentos realizados por psicólogos sociales demuestran que niños con edades comprendidas entre los tres y los siete años reconocen perfectamente bien nombres y marcas de productos difundidos en televisión; hasta el punto de que, aún sin recordar los argumentos específicos que fueron barajados por el anuncio (sin distinguir lo verdadero de lo falso, las informaciones completas de las incompletas), quedan absolutamente persuadidos por su señuelo” (Ramos, 1999).

No existe un estudio específico en Uruguay, al menos que yo conozca, pero temo que son muchas las horas que nuestros niño/as están frente a la pantalla, sin supervisión adulta. Lo que los niño/as ven ejerce una fuerte influencia en la construcción de su mundo, los valores que transmiten las publicidades no se orientan a la defensa de los derechos humanos ni a salvaguardar la inocencia de la infancia, por el contrario mayoritariamente se dirigen a defender los valores de un mundo violento individualista y discriminador,  ese es el mensaje que están recibiendo nuestros pequeños.

“la publicidad no sólo presenta al niño una supuesta realidad discursiva, sino también la forma de percibir el mundo o, lo que es lo mismo, un esquema cognitivo, propio de toda práctica significante, con una salvedad añadida: que estas prácticas discursivas resultan más fascinantes y, por tanto, más eficaces a corto plazo que los discursos pedagógicos de escuelas e institutos” (Madrid Cánovas, 2006)

Ellos son un público más susceptible que el público adulto porque aún no tienen una concepción propia, ni argumentos para cuestionar el mensaje que se les destina, entonces lo que ven lo aceptan como legítimo, sino tienen un adulto que los ayude a cuestionar será muy difícil que logren apartarse de esas influencia transmitida por las publicidades.

“…son los niños los sujetos más propensos a esos señuelos persuasivos de la publicidad, puesto que constituyen una clase especial de consumidores prácticamente incapaces de protegerse a sí mismos contra los engaños y las tentaciones a que los someten los vendedores…” (Ramos, 1999, p. 166).

“…son fáciles de convencer… (e) influyen notablemente en la elección de los padres al momento de adquirir ciertos productos, ya sean alimentos, juguetes o de otra índole. Además, son el mejor elemento publicitario que pueda existir, lo que los lleva a ser a veces sobreutilizados” (Yañez Rojas, 2008)

Al leer acerca de estas estrategias dirigidas hacia nuestros niño/as, recuerdo un fragmento de Ralf Nader en su obra “Los niños primero, guía parental para luchar contra las corporaciones” que se inicia así “Se está entablando una lucha, distinta  que cualquier otra antes en la historia del mundo, entre las corporaciones y los padres por sus niños. Es una lucha sobre las mentes, cuerpos, tiempo y espacio de millones de niños y el tipo de mundo en el cual están creciendo”… “Los niños están creciendo ahora a través de los productos. Ahora los niños son la generación Disney, la generación MTV, la generación Joe Camel, la generación Pepsi. Las historias usadas para vender productos están siendo usadas para criar a los niños. La cultura del marketing corporativo acentúa el materialismo, el dinero, el sexo, el poder de la violencia, la comida basura y el estatus que conllevan; su poder desplaza o erosiona los valores de la dignidad y la valía inherente del ser humano”

 

http://www.nemours.org/content/dam/nemours/wwwv2/filebox/service/healthy-living/growuphealthy/fivetwoone/kids/kid2spn.pdf

http://www.razonypalabra.org.mx/N/N76/varia/2a%20entrega/14_Pellicer_V76.pdf

http://www.20minutos.es/noticia/1333839/0/ninos-tiempo/televisor-television/mas-tiempo/#xtor=AD-15&xts=467263